Que hablar es algo distinto de conversar se sabe bien gracias a los ejemplos reunidos por Rufino José Cuervo en su Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana. Hablar no es más que usar una de las facultades esenciales de la naturaleza humana: dejar salir palabras del cerco de los dientes, pronunciadas con algún acento regional, para que los demás entiendan algún deseo nuestro. El poderío del hablar se manifiesta en la capacidad realizativa de las palabras pronunciadas: ¡muévase! ¡deténgase! ¡quiérame! ¡váyase! ¡págueme! Al hablar solo decimos algo, con gracia o sin ella, atrevida o impunemente.
Conversar es otra cosa distinta: es el arte de cohabitar en la compañía de otras personas. Es el bien estar entre los otros. Cuando se tiene corazón bestial solo se habla con las bestias. La conversación se aprende, para empezar, entre la familia, porque tenemos que convivir con ella. Supone el cultivo de la amistad, del respeto y de la verdad. Que es un arte lo demuestran los tratados escritos sobre esta habilidad por Michel de Montaigne y Oscar Wilde. Requiere de vez en cuando la presencia física de personas de carne y hueso para el diálogo de dos vías y un placer compartido: el de la comprobación de nuestra inteligencia, de nuestro sentido del humor y de nuestra bonhomía.
Lamentablemente, este arte de conversar hay que aprenderlo con atención y disciplina, pues se trata de la mejor réplica a la soledad individual. Así que la habladuría sobre enfermedades ajenas, los juicios sin reflexión, la intromisión en la vida íntima y la propaganda ideológica frustran el esfuerzo que supone conversar. Los griegos antiguos fueron los maestros del diálogo, consignado por la pluma de Platón. El bogotano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994) nos dejó en su colección de Escolios a un texto implícito el testimonio de sus conversaciones. Hoy, cuando todos los artefactos conspiran contra la conversación, el arte se revela como una tarea urgente de nuestras vidas, así como la sabia elección de los círculos de conversación educada. ¿Es demasiado tarde? No, la cultura es el aprovechamiento social de la inteligencia humana.










