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Sábado 27 de diciembre de 2025 - 01:01 AM

Lo que nos espera en 2026

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Polarización parece ser la palabra que nos definirá en 2026. Un año electoral, con profundización de los extremos y descalificación de cualquier otra alternativa. Quienes consideramos que la opción no puede ser aniquilar al otro sino convocar a la mayoría que construya, moderar las posiciones para avanzar con acuerdos fundamentales y encontrar caminos viables a las reformas y los propósitos que requiere el país, la tendremos difícil.

Es indiscutible la necesidad de varias reformas. La reforma política y a la justicia exigen un trabajo articulado entre el Gobierno y el Congreso. ¿Los órganos de control y las altas cortes deben seguir siendo elegidas como hoy? ¿Cómo vamos a asumir el balance del sistema pensional con este nivel de informalidad laboral si queremos mantener un salario mínimo competitivo? Tenemos que revisar los incentivos a la construcción de vivienda, el ordenamiento territorial y el manejo de recursos naturales. Son múltiples y diversas las temáticas y en todas tanto el Congreso como el ejecutivo tienen que encontrar los espacios de discusión idóneos, validar posiciones y lograr la mejor asignación de los recursos siempre insuficientes.

Con demasiada frecuencia evitamos entender lo que otros necesitan y nos encerramos en nuestras propias preocupaciones. He entendido que quienes siempre se sienten excluidos, necesitan ser oídos o ser reconocidos. Ni siquiera esperan que se solucionen todos sus problemas inmediatamente, pero al menos piden ser parte de la agenda y que alguien los represente. En teoría no parece una solicitud difícil de aceptar, pero si los dirigentes asumen que tienen la verdad revelada veremos un escenario cada vez más complicado.

En otros casos, en el día a día la gente espera cosas más precisas: mejor infraestructura física y recuperar la seguridad en todo el territorio nacional. Eso también exige que el Estado sea fuerte y tenga la capacidad de poner las condiciones y dotar de capacidades a sus agencias, destinando el presupuesto que sea necesario como prioridad. Es casi imposible motivar al sector privado que arriesgue recursos en APP o que confíe en la contratación pública si tiene que enfrenar la extorción de grupos armados o la imposibilidad de recaudar peajes y tarifas, pero a su vez hay que controlar los excesos y la ineficiencia que generan los monopolios y las concesiones sin adecuadas reglas y sin interventorías rigurosas.

En suma, hay temas innegociables en cualquier orilla y mucho trabajo por delante. La corrupción y la violencia no pueden ser admitidas sea quien sea el Presidente y en el Congreso necesitamos gente que conozca su trabajo y esté dispuesto a hacerlo con rigor y profundidad conceptual. Tal vez es una utopía, pero dependerá de nuestro voto y es mi deseo para el 2026.

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