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Miércoles 31 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

El agro en 2026 (Parte II): más exigencias estructurales

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En 2026 algunos renglones del sector agropecuario seguirán “sacando la cara” en el frente externo. Las exportaciones de carne hacia China mantienen una dinámica positiva y podrían seguir creciendo en 2026, siempre que se conserven las condiciones sanitarias y de acceso al mercado. El aguacate Hass, el banano y las frutas exóticas continúan consolidándose en Europa, donde la demanda por alimentos frescos y diferenciados sigue al alza.

No todo el panorama exportador es alentador. Las flores, uno de los símbolos tradicionales del agro colombiano, seguirán enfrentando aranceles del 10% en el mercado estadounidense, su principal destino. Esta situación puede presionar la demanda y afectar la competitividad frente a otros proveedores, en un contexto en el que los costos laborales y logísticos siguen siendo elevados.

Particularmente grave será el efecto del incremento del 23% en el salario mínimo para 2026. Ello afectará a los sectores agroindustriales formales como las flores, el banano, la palmicultura, la avicultura entre otros. El efecto será complejo en un escenario de revaluación de la tasa de cambio, durante el primer semestre de 2026, pues le restará competitividad a los exportadores agrícolas y su impacto no se limitará a quienes venden al exterior: también afectará a la producción nacional que compite con importaciones, como el arroz, maíz y soya, así como las carnes de cerdo, pollo y res.

El efecto combinado de precios internacionales menos favorables, revaluación cambiaria y mayores costos laborales puede poner al agro colombiano en aprietos en 2026. No se trata solo de un problema coyuntural, sino de una señal de alerta sobre la fragilidad de la competitividad estructural del sector. Sin mejoras en productividad, infraestructura, logística y acceso a financiamiento barato, cada ciclo de apreciación cambiaria vuelve a exponer las mismas debilidades.

En el lado positivo, este entorno podría contribuir a que la inflación de alimentos continúe descendiendo. Menores precios internacionales, una moneda más fuerte y mayor competencia de importaciones tienden a moderar los precios al consumidor. Desde la perspectiva macroeconómica y social, esto es una buena noticia. Desde la óptica del productor, en cambio, implica menores ingresos y mayores desafíos para sostener la rentabilidad.

El balance para 2026 es, entonces, complejo. El agro no enfrenta un colapso, pero sí un año de ajustes. Será un período en el que se pondrá a prueba la capacidad del sector para competir sin precios excepcionales ni condiciones externas favorables. Más que nunca, el foco deberá estar en productividad, gestión de riesgos y diversificación de mercados. El agro colombiano ha demostrado resiliencia, pero 2026 exigirá algo más que resistencia: exigirá decisiones estratégicas y políticas públicas que miren más allá del corto plazo.

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