Publicidad

Columnistas
Miércoles 31 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

“Hospice: la deuda pendiente en nuestra ciudad”

Compartir

Tuve la oportunidad, durante mi entrenamiento como paliativista en San Diego, California, de realizar mis prácticas en un tipo de institución llamada hospice. Cabe aclarar este término, pues en países como el nuestro aún está casi todo por hacer y desarrollar. Los hospices son instituciones que cuidan a aquellos pacientes que no están tan mal como para requerir hospitalización, pero tampoco lo suficientemente bien como para permanecer solos en casa.

En Colombia, gracias a nuestras familias numerosas, casi siempre existe la posibilidad de que varios parientes se organicen para cuidar en casa a un paciente con enfermedad avanzada. Sin embargo, la composición de nuestra sociedad está cambiando, y pronto enfrentaremos nuevas problemáticas: ¿qué hacer con aquellos enfermos, usualmente con enfermedades terminales, que no cuentan con una familia que los cuide en casa? ¿O con quienes tienen uno o dos hijos, pero ambos deben trabajar y no pueden dedicarse de tiempo completo a su familiar, y que además no cumplen criterios de hospitalización?

Para este tipo de pacientes, en otros países se han ideado diferentes estrategias. Por ejemplo, en algunos lugares el Estado puede contratar a un hijo trabajador para que cuide a su familiar. Sin embargo, la solución más frecuente y sostenible ha sido la creación de instituciones tipo hospice. Los hospices fueron ideados en Inglaterra hace más de un siglo. Aunque inicialmente casi siempre contaban con el soporte de alguna comunidad religiosa, poco a poco fueron evolucionando hacia instituciones de salud encargadas de asistir a pacientes que son parcialmente autónomos, pero requieren algún tipo de ayuda y no cuentan con familiares disponibles.

Bucaramanga tuvo durante muchos años una de estas instituciones, dependiente del Hospital Universitario de Santander. Se llamaba el Pabellón Jácome Valderrama y estaba ubicado en la calle 45. Aunque su función principal era servir de albergue para pacientes de fuera de la ciudad que debían recibir tratamientos prolongados para enfermedades graves como el cáncer, este maravilloso proyecto fue administrado por un buen tiempo por damas voluntarias que, de forma altruista y basadas en donaciones, atendían a pacientes de bajos recursos. Lamentablemente, este hospice tuvo que cerrar por problemas económicos.

Hoy es claro que una ciudad como Bucaramanga requiere un sitio de estas características. La transformación de nuestras familias hace cada vez más difícil el cuidado de los pacientes al final de la vida. Sueño con el día en que podamos contar con una institución de este tipo en Bucaramanga, con un equipo interdisciplinario de médicos paliativistas, enfermeras, psicólogos y otros profesionales, que brinden un servicio digno y humano.

Un hospice no es solo un lugar: es la certeza de que, incluso en la última etapa, la vida merece cuidado, compañía y dignidad.”

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día