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Jueves 01 de enero de 2026 - 08:22 AM

1 de enero: el año que no empieza de cero

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Hay un espejismo que reaparece cada 1 de enero: la idea de que todo comienza de nuevo, como si existiera un mecanismo para deshacernos de lo vivido con solo cambiar el calendario. Esa comodidad mental es entendible, pero no corresponde a la realidad. Ningún país, ninguna institución y ninguna persona empieza de cero. Lo que inicia es otra etapa, impulsada —o condicionada— por las huellas que dejamos atrás.

Este nuevo año exige algo más maduro que el habitual borrón y cuenta nueva: distinguir entre lo que vale la pena conservar y lo que debe descartarse de manera definitiva. Y esa selección no depende del entusiasmo de la fecha, sino de una revisión de lo ocurrido.

El país carga un inventario de errores que sería torpe repetir. La desinformación que degrada la deliberación pública, la incapacidad de escuchar ideas contrarias sin reducir al otro a enemigo, la ansiedad política que reemplazó la reflexión por reacciones impulsivas, la burocracia convertida en excusa, el abandono persistente de quienes requieren un Estado funcional. Ese conjunto de fallas ya mostró su costo.

Pero también hubo señales distintas. Ciudadanos que hicieron lo correcto, funcionarios que cumplieron sus deberes, comunidades que se organizaron cuando la institucionalidad vaciló, personas que rectificaron a tiempo y evitaron que sus errores escalaran. No son gestos que producen titulares, pero muestran que el país aún tiene margen para sostenerse y corregir el rumbo.

Este 2026 llega con un desafío evidente: las elecciones legislativas y presidenciales, con todo lo que implican. Habrá restricciones administrativas, polarización, discursos en abundancia y competencia política intensa; además, eventos masivos como el Mundial de Fútbol, que añadirán emociones y distracciones. Este escenario exigirá más criterio, reflexión y mesura.Por eso la tarea no es renacer, sino pensar con mayor precisión. anticipar las consecuencias, identificar las maniobras, verificar lo que se afirma y no ceder ante estímulos diseñados para agitar, no para aclarar. En 2026, la lucidez será un recurso estratégico.

Un año nuevo no se inaugura con promesas, sino con decisiones: qué conservar, qué abandonar y qué corregir. No avanzar con el peso muerto de lo que no funciona, pero tampoco deshacerse de lo útil solo porque pertenece al año anterior. La memoria sirve para evitar repetir errores y consolidar lo aprendido.

O, como escribió Borges, “cada comienzo es también continuidad, porque el tiempo nunca concede rupturas absolutas”.

Este 1 de enero no es un punto cero. Es una continuación que exige revisar qué dejamos atrás y desde dónde queremos actuar. Los colombianos no necesitamos optimismo prefabricado: necesitamos claridad, criterio y la voluntad de sostener lo que realmente importa. Lo demás debe ir al archivo, sin nostalgia. ¡Feliz Año Nuevo!

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