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Miércoles 07 de enero de 2026 - 01:00 AM

Desde Rosalía hasta prayer boards

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En un mundo saturado de estímulos digitales, búsquedas de éxito material y rutinas aceleradas, emerge una curiosa paradoja: la espiritualidad vuelve a ocupar espacio público, no solo en templos o retiros, sino en la cultura pop y en las prácticas cotidianas de las personas jóvenes y adultas. Dos expresiones de esta tendencia, distintas en forma pero semejantes en fondo, merecen atención: el álbum Lux de la artista Rosalía y la creciente preferencia por el prayer board frente al clásico vision board.

El pasado 7 de noviembre, la cantante española Rosalía lanzó Lux, un proyecto musical que ha roto esquemas por su audacia espiritual. Con 15 canciones interpretadas en 13 idiomas diferentes —desde el catalán hasta el hebreo y el latín—, el álbum no se limita a un catálogo de melodías, sino que explora temas de fe, mística y trascendencia personal. El propio cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano, elogió la obra por captar “la profunda necesidad en la cultura contemporánea de acercarse a la espiritualidad y cultivar una vida interior”.

Para una generación que suele desconectarse de las prácticas religiosas institucionales —mientras se afirma una identidad espiritual “a la carta” (sin dogmas estrictos)— Lux funciona como un espejo: la búsqueda de sentido se integra en una obra pop que rompe con la superficialidad del entretenimiento rápido. El hecho de que el disco haya superado records globales de reproducción en plataformas como Spotify demuestra que la sed de significado emocional y espiritual es real y extensa, incluso entre quienes no se adscriben a una fe tradicional.

Al mismo tiempo, se observa una reconfiguración íntima de cómo las personas expresan su conexión con lo trascendente. Tradicionalmente, muchas personas hacían vision boards —collages visuales de metas personales para el año— como herramienta de motivación y manifestación de sueños. Hoy, en cambio, en redes sociales y comunidades de fe ha ganado terreno el prayer board: un tablero donde las intenciones, agradecimientos y oraciones personales reemplazan o complementan los objetivos terrenales, centrando la práctica en la relación con lo espiritual y no solo en logros materiales.

Mirando hacia 2026, este regreso a la espiritualidad no parece una moda pasajera, sino una señal de madurez cultural. Después de años obsesionados con producir, acumular y exhibir, muchas personas están comprendiendo que no todo lo valioso se puede medir, monetizar o mostrar. Tal vez este nuevo año no nos pida más metas, sino más sentido; no más certezas, sino más confianza; no más velocidad, sino más profundidad. En un mundo que nos empuja a tenerlo todo bajo control, atreverse a orar, agradecer y soltar puede ser el acto más valiente, y más transformador, del tiempo que viene.

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