La luz difícil, del autor colombiano Tomás González y editada por Sexto piso, aborda la muerte desde diferentes perspectivas, tanto por lo que ocurrió con su hijo Jacobo como por la muerte de su esposa, y todo esto lo narra diecinueve años después explorando la belleza efímera, el amor y la búsqueda de sentido en la vejez y la pérdida.
Es una historia intensa, triste y bella, narrada por el padre, quien espera el desenlace de la muerte programada de su hijo. Es el relato de aquel día en el que Jacobo y su hermano Pablo viajan a Portland, Oregón, uno de los estados en los que el suicidio asistido es legal. El narrador, un pintor anciano, viudo y casi ciego que vive en un pueblo de Colombia, recuerda y describe el peor episodio de su vida, sucedido cuando vivía con su mujer y sus tres hijos en Nueva York. Una tragedia en la que su hijo Jacobo sufrió un accidente que le dejó secuelas insoportables.
Tomás González nos propone una novela sobre el paso del tiempo, y en ese tenebroso abismo, expone otra ausencia: la de la pareja del pintor, la madre del hijo, quien muere de causas naturales pasados los años. La espera es ese tiempo lacerante que desgarra humanamente al enfermo y a los acompañantes. Una espera que permite al autor hablar del amor, del dolor, de la frustración, del arrepentimiento y la inevitable soledad de la vejez humana.
Este es un libro que retrata la muerte, pero reafirma la vida porque el acto de escribir sus recuerdos le permite encontrar la belleza en lo que persiste, aunque sea fugaz, ofreciendo una perspectiva luminosa sobre la experiencia humana ante lo inevitable. Al igual que el autor, tiendo a elegir, sin darme cuenta, los mejores momentos, a embellecer lo que fue muy duro a veces. La mirada del padre y pintor, cargada de matices, enriquece el relato y le permite a González encontrar luz entre tanto dolor. Esa idea de que, dependiendo bajo qué luz, cuál sea la perspectiva o, incluso, con qué actitud se mire, cambian los colores del mundo que nos rodea. «La alegría aflora siempre, o casi siempre, como trozo de madera en el agua, no importa lo profundo del horror de lo vivido».












