Gracias a nuestro sistema democrático en dos meses ya sabremos como quedó conformado el Congreso y cómo estarán las fuerzas para la presidencia. Aunque para muchos amigos la política es sinónimo de desprestigio y corrupción, no podemos evadir la responsabilidad de elegir quien merezca la H por honesto y la C por conocedor.
Propongo agrupar en 4 las tareas de los congresistas y definir requisitos ineludibles del candidato. En primer lugar, les corresponde hacer o reformar las leyes, lo que exige que tanto el titular como su unidad de apoyo legislativo estudien los proyectos y conozcan en detalle el tema en discusión más allá del texto de la norma propuesta, esto es, conocimiento del sector, consulta con los implicados y verificación de impactos previsibles. En segundo lugar, está la capacidad de gestionar o promover proyectos y/o inversiones. Aunque los congresistas no manejan presupuestos, es indiscutible su incidencia en la definición de prioridades, recursos o autorizaciones del gobierno central para iniciativas regionales y es lo que muchos ofrecen. Esta labor puede confundirse con tráfico de influencias por lo que hay que tener muchísimo cuidado pues hay una delgada línea para distinguir la buena gestión del interés indebido.
El congreso elige los organismos de control, magistrados y otros altos cargos, donde debe primar también la sensatez para escoger los mejores perfiles, aunque no necesariamente sean los más amiguis. Y, por último, pero no menos importante, la famosa labor del control político, que ocupa buena parte del tiempo y que si se hace con seriedad debería servir para investigar y detener los excesos de poder, la corrupción y la ineficiencia, pero que desafortunadamente se utiliza con frecuencia para disparar insultos y agresiones generando más show mediático que soluciones.
Un buen congresista debe combinar las 4 tareas, proponer y enfrentar, conocer la estructura del Estado y saber qué se puede hacer, pero más importante, lo que no se puede hacer. El Congreso de la República no puede ser escenario de improvisación ni de entrenamiento, es el lugar donde las personas más expertas y probas deberían estar, donde la política si se convierta en el arte de servir y donde las decisiones se tomen con responsabilidad personal y pública. Debemos saber si el HC que habla bonito y sonríe en campaña tiene también capacidad de analizar y debatir con argumentos en escenarios no controlados o será del estilo de quien solo superficialmente se entera, a ratos grita y luego vota, pero no aporta ni propone.
Tenemos 2 meses para pensarlo y recuperar la dignidad de la política, elegir gente capaz y trabajadora que estudie y responda con solvencia y que su actuar personal nos genere más orgullo que vergüenza.










