De la cancha de microfútbol del barrio Diamante Dos salieron grandes jugadores para el fútbol de barriada y también para el balompié profesional. Uno de ellos fue Óscar Leonel Calderón Camacho, más conocido como ‘el Mosco’ Calderón, quien nació en Bucaramanga un 10 de julio de 1967, en el hogar de don Jorge y doña Gloria; desde que era un niño se la pasaba jugando con los vecinos del sector, haciendo toda clase de pilatunas y corriendo detrás de un balón al lado de baluartes nuestros tales como César Koop. Precisamente al lado de él y de una camada de malabaristas con la pelota como ‘el Flaco’ William, Carlos ‘Pocheche’ Rodríguez, Germán Ferreira, Aníbal Tavera, Agustín ‘Meñique’ Quintero, Carlos ‘el Pato’ Aparicio y su hermano Edgar, a quien apodaban ‘La Ergona’. Estos dos, hermanos de Gustavo Aparicio, ‘el chupador de Maracaibo’, quien patrocinó a un equipo que se llamaba Auto Chevrolet. No podemos olvidar que de esa nómina hacían parte César Koop, Carlitos Beltrán a quien le decían ‘la Marrana’, José Luis ‘el Zorro’ Rodríguez, Wilson Sánchez y por supuesto ‘el Mosco’ Calderón, remoquete que le pusieron cuando participaba en las válidas de motociclismo. El técnico de ese plantel era Gustavo Díaz Sotelo.
Participaron en los torneos interbarrios y luego en el Mil Ciudades, organizados por Vanguardia Liberal y terminaron ganando en el mismísimo templo sagrado del microfútbol: la cancha del barrio Girardot. Allá no ganaba nadie; primero porque tenían unos monstruos dominando el cuero y muchos de ellos como Sergio Martín León, terminaron vistiendo la camiseta de la selección Colombia y fueron campeones del mundo dirigidos por el inolvidable Manuel Sánchez. Como si fuera poco, el público rodeaba la cancha y había que tener temple y huevos para jugar ahí. Era una caldera del diablo, entre rellenas, papas chorreadas y cerveza. “Se jugaba con una tensión impresionante” recuerda Gustavo Aparicio. ‘El mosco’ Calderón, zurdo y goleador, se destacó en esos torneos y se marchó a jugar en la primera categoría de la liga; fue goleador en un hexagonal de la Cancha Marte. Por este motivo, Jesús ‘Chucho’ Vega lo llevó al equipo de Rionegro patrocinado por Tiberio Villarreal y luego lo acercaron a las reservas del Atlético Bucaramanga en 1990.
Ese año llegó Humberto ‘Tucho’ Ortíz a dirigir el onceno leopardo y Óscar Leonel se codeaba en las prácticas con Kiko Barrios, William Rico, Pedro Manuel Olalla y Robert Villamizar entre otros. Al ‘Tucho’ le gustaban los movimientos del ‘Mosco’, ya que era vivo, ágil, guapo y definía muy bien. Cualquier día, el estratega antioqueño lo llamó y le dijo: “hermano, lo voy a llevar como suplente el próximo domingo, así que pilas pues guevón”. El viejo zorro del fútbol colombiano hacía rondas nocturnas para ver si los jugadores estaban en su casa descansando; el viernes antes del juego, ‘Tucho’ se encaramó en el carro que era de ‘Pito Loco’, el cual le había regalado Tiberio Villarreal y se fue a hacer su acostumbrada ronda por la ciudad. Al llegar a la casa del ‘Mosco’ Calderón le preguntó a la mamá por Óscar Leonel y doña Gloria le dijo: “´él está ahí en la cancha con unos amigos”. ‘Tucho’ se acercó y los vio hablando, acompañados de varias botellas de cerveza y “desde ahí, el viejo me llevó en la mala, me sacó del equipo. Gracias a Dios, ‘Cuca’ Aceros me llevó para Venezuela y fui goleador con el Marítimo, Trujillanos y Valencia. Es más, yo llevé al ‘Pirata’ Ferrer para allá”. Después de abandonar el fútbol y con plata en el bolsillo, se hizo a la franquicia de la marca de relojes Swatch y se convirtió en un próspero empresario. “Una vez en Cartagena me encontré con Maradona y le regalé un reloj a ese man”. Vaya un gran saludo para un buen amigo y estupendo ser humano, quien opina que el mejor jugador santandereano de todos los tiempos es Norberto Peluffo. Saludos ‘Mosquito’ y no se vuelva a salir de la casa por las noches.











