El 14 de marzo de 2022 a la 3:40 de la mañana, el boletín 69 de la Registraduría Nacional del Estado Civil indicaba que las elecciones de Senado celebradas el día anterior habían logrado algo más de 18 millones de sufragantes en Colombia que equivalen al 46.45% del potencial electoral pero cerca de 1,5 millones no marcaron el tarjetón o su voto fue nulo. A su vez, en la Cámara de Representantes la votación llegó al 47.4% y cerca de 1,4 millones de votos no pudieron ser contabilizados por error al votar. En suma, entre 16 y 17 millones de colombianos eligieron a los congresistas hace 4 años, lo que no alcanza a ser el 45% de las personas habilitadas para votar y elegir en Colombia.
En las elecciones atípicas de Bucaramanga y Girón, la reducción en el número de votantes fue sensible. En 2023 votamos 272.061 bumangueses, pero solo fueron validos 263.893 y el alcalde Jaime Andrés Beltrán ganó con un 34.6% de los votos, pero si esto se relaciona con el total de posibles votantes, no alcanzaría al 18% de quienes tenían posibilidad de decidir. A su vez, el alcalde Cristian Portilla si bien ganó por un porcentaje mayor al 45% de los votos, si tenemos en cuenta el potencial electoral no superaría el 12%. Similar situación en Girón, Campo Elías Ramírez tuvo 40% menos votos en las atípicas, pero estos representaron el 58% de la votación que le devolvió la alcaldía, aunque es solo el 16% del potencial electoral.
Lo que pretendo indicar con todas estas cifras es que menos del 50% de la gente, y en muchos casos menos del 20%, toma las decisiones por todos. Eso en Colombia es legal porque no tenemos voto obligatorio, pero si nos proponemos a realizar una mayor pedagogía sobre la importancia del voto como derecho a decidir tal vez tendríamos mayor legitimidad en nuestros representantes. Es claro que una elevada abstención genera baja representatividad y puede llegar a deslegitimar las elecciones, pero ante todo genera inestabilidad política y un alto riesgo de prevalencia de la decisión de grupos de interés particular que pueden influir más con su dinero, su estructura y su maquinaria. Ese riesgo es cada día más evidente.
Además, el 8 de marzo es el momento de derrotar la abstención y que el voto de opinión decida quienes deben participar en la elección presidencial. Si las consultas populares incluyen a la gran mayoría de candidatos se reduce esa extensa lista de nombres y se consolidan equipos hacia opciones verdaderamente viables con algunos acuerdos sobre las diferencias. Pero de cualquier manera hay que salir a votar porque el poder está ahí, en la toma de esta decisión.












