José Antonio Marina nos acaba de recordar que historia y la geografía son marcos de orientación de los hombres en el mundo, pero las ideologías son “marcos de insensatez”. Son los presupuestos no aclarados en las conversaciones, los sistemas de creencias aceptados por los grupos, las soluciones preestablecidas para los problemas sociales sin base empírica comprobable, ni refutaciones. Son dogmas sostenidos por las emociones, que se niegan a cualquier autocrítica. Como las ideologías no pueden ser refutadas ni vencidas, pacientemente hay que esperar que se vuelvan obsoletas, ignoradas y aburridas, para que pasen al olvido. Cuando las ideologías se enfrentan entre sí, no solo se blindan, sino que construyen otro “marco de insensatez” que reconocemos en la polarización política. Al instalarnos en ese nuevo marco polarizado, se abandona la visión objetiva de la realidad social y la posibilidad de aprender. Los debates se convierten en monólogos solapados, porque los mismos datos son interpretados a la manera partidista.
Las ideologías ponen a prueba todas las paciencias, porque su erosión es muy lenta, mientras algunos topos intelectuales roen las falsas informaciones que las alimentan y los virus emocionales inoculados en la memoria de las sociedades. Se requieren generaciones de hombres, cambios tecnológicos y emocionales, comparaciones entre resultados a largo plazo. La erosión de la ideología que sostuvo el experimento social cubano, como ejemplo, ha resistido casi setenta años y aún no sale de la memoria de las sociedades contemporáneas.
Como todos los temas del debate público se politizan, pues los actores que intervienen defienden sus acariciados marcos de insensatez, la polarización política aviva los nuevos marcos de insensatez, desanimando a quienes miran la política desde la distancia de las ciencias sociales. El desbordamiento de un mismo río, un fenómeno que se ha repetido durante varios milenios, se presenta como una novedad, imputable a uno de los actores del debate político. Solo la historia de larga duración puede roer las ideologías, tal como la que sostiene el debate politizado sobre un supuesto cambio climático reciente, o los mal llamados “desastres naturales”. Paciencia, que el camino elegido por la humanidad es muy largo y escabroso.












