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Domingo 08 de marzo de 2026 - 03:20 PM

La doble vara de la guerra: Entre la agresión externa y la opresión interna

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Hoy día los ojos están puestos sobre la guerra entre Israel, EE. UU. e Irán. No puedo explicar aquí su origen y contexto, pues es muy complejo. Solo puedo enfocarme en un aspecto: el ataque de Israel y de EE. UU. es, claramente, injustificable. Los atacantes han pretendido justificarlo desde varios argumentos, pero me centro en dos: es una guerra preventiva (ataco antes de ser atacado, por tanto, es una legítima defensa) y es una guerra de liberación (ataco a un régimen opresor de su propio pueblo). El primer argumento es peligrosísimo: si se reconoce que cada país tiene derecho a atacar a otro cuando, a su criterio, esto prevendría un conflicto futuro, llevaría a que el mundo entero se incendiara, como lo ha dicho el Vaticano recientemente. Además, ¿cuál es el criterio que permitiría saber, fuera de dudas, que el otro me atacará a futuro? Debo agregar que los verdaderos intereses de esta guerra son otros, pero los atacantes prefieren no decirlos.

La segunda justificación merece consideraciones diferentes. ¿Se debe atacar a un país que oprime a su pueblo? Para empezar, ¿qué es ser opresivo? ¿A partir de qué momento la opresión pasa a justificar un ataque a un país? Esto debería ser determinado por normas internacionales obligatorias que traigan luz a la oscuridad. No obstante, tratándose del régimen de Irán, está claro que no ha tenido escrúpulos en agredir a su propia población. El régimen iraní ha pasado de una violencia de choque en las calles contra los manifestantes a una represión institucionalizada y generalizada, especialmente contra las mujeres y los jóvenes que se han arriesgado a exigir sus derechos. Abundan las denuncias sobre centros de tortura, ejecuciones extrajudiciales y judiciales (con cargos ambiguos aplicados por una justicia que no es independiente), confiscaciones de los bienes de los manifestantes, censura y control absoluto de los medios de comunicación, etcétera. No hay una cifra oficial del número de manifestantes muertos por parte del régimen durante este año, como tampoco las hay de los civiles que han muerto por los bombardeos de Israel y EE. UU.

Y quiero ser enfático: es tan grave lo uno como lo otro. Criticar el ataque contra Irán, guardando silencio cómodo frente a la opresión del régimen iraní, es tan hipócrita como criticar la opresión del régimen mientras se aplauden los ataques que están costando miles de vidas inocentes, máxime cuando la guerra se está haciendo por otros motivos, más económicos y geopolíticos, que humanitarios.

Justo aquí está un gran reto del derecho internacional: regular de una vez por todas a los Estados, sean ricos o pobres, occidentales u orientales, del norte o del sur, para prohibirles tanto las acciones armadas unilaterales como la opresión sistemática a sus propios ciudadanos, amenazando con consecuencias gravosas el incumplimiento de estos deberes. Esto supondría llegar a contar con una justicia internacional obligatoria e independiente y un sistema coercitivo eficaz. Puede ser que esto sea soñar demasiado, pero sin soñar así, ¿cómo salir de la pesadilla en la que estamos?

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