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Lunes 16 de marzo de 2026 - 01:00 AM

Lo que deja Petro

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Aunque su periodo presidencial aún no concluye y falta la distancia necesaria para una evaluación histórica, el filósofo, abogado, economista y sociólogo Hernando Gómez Buendía ha publicado el libro Colombia después de Petro. Como anuncia su subtítulo, «Lecciones del “gobierno del cambio”», el autor hace una aproximación metódica a los aspectos que marcaron el transcurrir de esta administración, con el propósito de extraer enseñanzas útiles de cara a las próximas elecciones presidenciales y frente al porvenir institucional de Colombia.

Más allá de la polarización que parece consolidarse entre quienes sostienen que «Petro no fue capaz» y quienes afirman que «no lo dejaron», conviene examinar los condicionamientos que incidieron en su desempeño. El más visible parece ser su ideología. Señala Gómez Buendía que detrás de la variedad temática de sus discursos siempre reaparece una misma convicción: el pueblo desea el cambio, pero una élite egoísta lo bloquea; la democracia verdadera no es representativa, sino participativa y movilizada; la economía colombiana funciona más como instrumento de exclusión que como vía de bienestar.

La palabra de Petro conmueve porque bajo cada cifra aparece una injusticia, una exclusión o un dolor real. Sin embargo, que una voz provenga de la rebeldía no la vuelve infalible. Denunciar agravios legítimos o deficiencias ciertas no garantiza acertar en el diagnóstico ni en el camino para superarlos. Su narrativa despierta emociones, pero con frecuencia sacrifica el rigor en nombre de una “supremacía” moral. Así no se fortalece la democracia: se alimenta el dogma. La oportunidad del cambio terminó diluyéndose al no asumir con seriedad el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026. No comprender el país como un complejo sistema orgánico y sustituirlo por una suma de iniciativas dispersas derivó en clientelismo estatal de gran escala.

«Ganamos la presidencia, pero no el poder» parece ser la consigna de Petro que mejor resume su paso por la Casa de Nariño. Como advierte el autor, entender su alcance habría evitado muchas angustias a media Colombia y no pocas frustraciones a la otra mitad. El cambio posible depende, en buena medida, de lo que el Congreso esté dispuesto a aprobar. Sus límites, para bien y para mal, los fijan las 286 personas elegidas el pasado 8 de marzo. De allí surge una doble lección: para quienes aspiran a la Presidencia, que la política exige construir mayorías; para los ciudadanos, que el poder presidencial requiere contrapesos efectivos.

En palabras de Gómez Buendía, gobernar un país no consiste en movilizar ni denunciar: es razonar, prever, dialogar, aprender. Y para eso necesitamos menos ideología y más ciencia; menos redención y más responsabilidad; menos épica y más verdad. Esa, quizás, es la enseñanza más útil que deja este periodo.

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