Como economista siempre defenderé las encuestas como instrumentos válidos para aproximarse al entendimiento de los fenómenos sociales, económicos y políticos, incluso reconociendo que pueden presentar sesgos derivados de su diseño e implementación. En esencia, una encuesta permite medir aquello que las cifras duras no logran capturar.
Datos como el empleo, el ingreso o la inflación muestran lo que ya ocurrió, mientras la percepción ciudadana ofrece señales sobre hacia dónde vamos. Tomar el pulso de la gente permite anticipar decisiones de consumo, inversión o ahorro y, sobre todo, orientar mejor el diseño de las políticas públicas. Ignorar lo que la ciudadanía percibe implica desconectarse de la realidad.
Justamente acaban de publicarse los resultados de dos ejercicios complementarios. Por un lado, la encuesta de percepción ciudadana Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos y, por el otro, la encuesta de Ritmo Empresarial, elaborada por la Cámara de Comercio, que permite entender cómo están operando las empresas y cuáles son sus expectativas. Dos miradas distintas que, en conjunto, permiten avanzar hacia una comprensión del territorio.
Ambas encuestas comienzan a encontrarse en un mismo diagnóstico. Desde los hogares, el 40% de las personas afirma que su situación económica mejoró y el 47% que se mantuvo igual. Es decir, el 87% no percibe deterioro. Desde las empresas, el 81,4% reporta ventas iguales o superiores y el 88,6% mantuvo o aumentó su nivel de ocupación. La coincidencia es clara. La percepción coincide con el desempeño de la economía.
Ese punto de encuentro también aparece en las expectativas. El 47% de los ciudadanos se muestra optimista frente al futuro económico de la ciudad, mientras que el 86,5% de los empresarios espera que sus ventas se mantengan o crezcan en el corto plazo. La ciudad parece haber dejado atrás el pesimismo post Covid y entra en una etapa de mayor estabilidad.
Sin embargo, ambas miradas coinciden también en los límites. Solo el 30,5% considera fácil encontrar trabajo, lo que evidencia restricciones en la generación de nuevas oportunidades. Desde el lado empresarial, la inversión sigue siendo baja. Apenas el 21,8% invirtió en el último semestre y el 21,5% planea hacerlo en el siguiente. A esto se suman factores estructurales como la seguridad, donde solo el 38,8% se siente seguro, y la percepción de corrupción, que supera el 50%.
Bucaramanga y su área metropolitana no son una economía en crisis, tampoco estamos en un proceso de crecimiento u optimismo desbordado —que, por demás, también suele ser peligroso— apenas estamos estabilizando y recuperando la confianza. Esto, en sí mismo, ya es una señal poderosa, porque cuando visiones distintas coinciden en lo básico, en que todo puede ser mejor, se construye un camino que, si las instituciones lo aprovechan, puede llevarnos a buen puerto.











