El sano juicio, del sentido común, indica sin esfuerzo dos realidades: la primera, que habrá segunda vuelta y, la segunda, que Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella derrotarán “unidos” al candidato Cepeda. Es por eso que resulta pertinente llamar la atención (a tiempo) de quienes se han dedicado irracionalmente a gastar su energía, capacidades, trabajo, etc., etc., para romper esa lógica cotidiana al interior de las dos campañas. Estos no son momentos para las rencillas, cobrar deudas, avivar egos, buscar datos en la historia política, hacer cálculos regionales y locales pensando en los procesos electorales de 2027.
Es evidente que son más las coincidencias que esas distancias normales en cualquier democracia; el fuego quema y acercarnos a él es un riesgo enorme, es de una irresponsabilidad histórica a tal nivel que fácilmente regresar del túnel tardaríamos décadas.
Estos son tiempos para pensar en Colombia, demostrar nuestra grandeza como dirigentes políticos, líderes comunales, empresarios y ciudadanos comunes. Sin importar nuestro protagonismo general, hagámosle, bajémosle el volumen al transistor, respiremos una, dos y tres veces antes de enviar ese trino, antes de lanzar la flecha entre cercanos.
Una campaña civilizada, inteligente y prudente no dejará hondas heridas y abonará el terreno para que ese 31 de mayo, pasar la calle y hacer equipo sea un acto sin contratiempos: el poder es mejor compartirlo que perderlo todo.
Este desafortunado gobierno que hoy vivimos debe ser el motor que impulse a asumir una actitud sin guantes con aquel vecino que está cercano a Paloma y Oviedo o con el compañero de trabajo que habla el idioma de Abelardo y Restrepo. Sería importante, mejor, visitar al indeciso o, por qué no, al que votaría por el candidato Cepeda y explicarle con respeto y argumentos serios las bondades de Paloma y Abelardo. Estamos equivocando el camino, pero a tiempo para enmendar, para corregir. Esta polarización de más de 20 años tiene cansada la democracia y a los electores en un desdén, un desgano peligroso, que, si además le sumamos la polarización entre cercanos, pues el resultado puede hacer honor a la estrategia militar y política: “Divide y vencerás”.
Estimado lector: si el contenido de esta columna lo sacude un poco, lo pone a pensar hasta el punto de reconocer que usted puede ser un protagonista de esta historia, pues sencillo, haga su campaña amigable, renuncie desde hoy a seguir viendo a Paloma o Abelardo como sus enemigos. El enemigo es otro.
Nota: señor alcalde de Bucaramanga, señora directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo: no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.











