Vivimos unos días difíciles, porque la polarización en Colombia es evidente. Este gobierno tiene todo para inmortalizarse por siempre; no deja ningún cabo suelto y está dispuesto a poner los recursos sobre el tapete, pero de lo que no tiene la menor duda es que tiene todo montado para objetar el resultado de un triunfo de la oposición. No será fácil, las encuestas lo irán demostrando.
Si se quiere triunfar, no podemos llegar divididos a la primera vuelta y, si llegamos a acuerdos finalmente, se puede ganar en la primera vuelta. Existen medios para medir las preferencias, aunque Paloma Valencia viene creciendo; el trabajo realizado ya por varios meses de Eduardo de la Espriella ha tenido muy buenos resultados. Su suplente, como el de Paloma, mueve el centro del espectro político; parece ser que el querer ser un Bukele criollo es lo que muchos esperan. Me atrevo a decir: esperamos.
Los sectores económicos, como dice un gran amigo, estamos expectantes. El crecimiento de nuestra economía está por el promedio de los países en desarrollo, pero con resultados optimistas en las elecciones se dispara nuestro crecimiento per cápita. El trabajo de los emprendedores, a pesar de la disposición demagógica del salario, ya se ha asimilado y el consumo aumenta; por lo tanto, la redistribución del dinero sería un motor del desarrollo.
A las grandes empresas les costará un punto más, pero con lentitud irán acomodando los impactos de la economía de escala.
Por otro lado, la posición de Petro, la de Trump en el comercio mundial y la guerra de aranceles se han metido en todos los vericuetos del comercio, con lo cual hemos llegado a estos enfrentamientos como los que tenemos con Ecuador, entorpeciendo unas buenas relaciones con las cuales hemos vivido históricamente. No olvidemos que nos enseñaron a producir cacao; las primeras plántulas llegaron de allá. Hoy hemos superado al maestro y somos unos de los principales productores y procesadores del mundo.
Con un país sano creceremos en el agro. Nuestros productos agropecuarios se merecen el mundo: la carne en canal y en pie, el caucho llega a importantes empresas de llantas en América y Europa. Nos falta materia prima, porque tenemos una capacidad instalada para su proceso que apenas marcha en un 40 %. Los precios internacionales estuvieron muy bajos, hasta ahora repuntan. Esto es importante porque el pequeño cultivador se entusiasmará y los grandes renovarán sus cultivos ya ancianos; su madera es muy útil para la carpintería en acabados. Esperemos que las grandes autopistas utilicen el asfalto flexible, como están en el mundo entero. No hay duda de que hay vientos renovadores; debemos aprovecharlos desplegando las velas del desarrollo.












