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Columnistas
Martes 28 de abril de 2026 - 01:00 AM

En la Casa Blanca, ocurren cosas…

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Desde cuando Donald Trump accedió a la propuesta de Benjamín Netanyahu y ordenó agredir militarmente a Irán, estallando una nueva guerra en Medio Oriente, el trajín en la Casa Blanca ha sido endiablado pues las cosas resultaron como varios generales sentenciaron: enfrentar a los persas es faena peligrosa, desgastante y su resultado, incierto. Y así ha sido, “remember Vietnam”.

Por ello, en el ala oeste de la mansión presidencial la actividad ha sido un rosario de complicaciones, situaciones intrincadas y, como en la guerra las cosas se sabe cómo comienzan pero no como terminarán, recuerdo la sentencia de Cervantes: “aventura de tan enmarañada sustancia ha sido, que no hay juicio que la ponga en claro”.

Hace poco Donald Trump, fuera de sí, sentenció que debían usarse armas nucleares y exigió al comandante del Estado Mayor Conjunto que le diera los códigos nucleares, respondiendo este, enfáticamente, que esa orden no la obedecía por ser ilegal, ante lo cual el Presidente la repitió a voz en cuello y la respuesta del militar fue tajante, sin titubeo: yo le debo obediencia a la Constitución, no al Presidente. Hubo que sacar del salón al mandatario y el militar fue dado de baja.

En los últimos meses, por desacuerdos entre la Casa Blanca y la cúpula militar, han sido removidos el Secretario de la Armada (general John Phelan), el jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército (general Randy George), el general David Hodne, el general de división William Green Jr, la almirante Linda Fagan, el general James Slife (subjefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea), el general David Allvin (jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea). El Secretario de Guerra, quien luce tatuados en su pecho una inmensa cruz de Jerusalén, en un brazo una cruz y una espada y en el antebrazo se lee “Deus vult” (Dios lo quiere), exige a las Fuerzas Armadas más letalidad y menos legalidad, rechaza comandantes pertenecientes a las minorías étnicas y mujeres, por lo que sustituyó al general de la Fuerza Aérea C.Q. Brown (afrodescendiente) y a la almirante Lisa Franchetti (jefe del Servicio de Guardacostas).

Del gobierno, además, han salido Pam Bondi (fiscal general), Kristi Noem (Departamento de Seguridad Nacional), Joe Kent (jefe del Centro Nacional Antiterrorista).

¿Ñapa? La cúpula militar debe asistir a las reuniones de sionismo cristiano que hay en tal mansión. ¿Cómo habrían reaccionado generales norteamericanos emblemáticos como George Patton, Dwight Eisenhower y Douglas MacArthur?

Los enconos entre la Casa Blanca y el Pentágono, borbotan. Por eso recurro a la sentencia de Cervantes: “tal confusión y enredo, más parecía laberinto que razón bien ordenada”.

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