En la fila llevaba cuatro horas, desde las 8 de la mañana, cuando, a las 12 del mediodía, logró llegar donde la encargada que le iba a entregar el medicamento que el especialista le había recetado. Pensó, alegre: “Ya alcancé a llegar”. Detrás había una fila que daba la vuelta a la esquina, llena de personas como él.
Entregó la fórmula a la dependiente, que la miró y se la devolvió sin un gesto. Se atrevió a preguntar: ¿cuál es el problema? La encargada respondió que la fecha estaba en números romanos y no en arábigos. Todos sabemos que ambas maneras son reconocidas y aceptadas, pero para la despachadora eso no se podía: no era viable, y le devolvió la fórmula al paciente, que pensó que eso era una burla, especialmente después de esperar tanto tiempo: “Dígale al médico que le cambie la fórmula”.
Solo le tocaba abandonar el lugar y dejar así el trámite, ¿por qué dónde iba a buscar al médico a esa hora? ¿Y a cuántos pacientes no devolverá tan brillante funcionaria?
La realidad es que el día a día de los pacientes es el mismo: negarles, por cualquier motivo, un medicamento o una autorización a quienes buscan salud.
Una reforma a la salud se volvió una necesidad, una obligación, para la gran mayoría de colombianos que recorren clínicas y hospitales esperando autorizaciones y permisos para solucionar los problemas infinitos de salud.
Por eso, ahora que estamos en vísperas de elecciones presidenciales, es obligatorio escuchar las propuestas de cada candidato, para buscar una solución a fondo y real ante el grave problema de la salud.
Los problemas aumentan y superan cualquier presupuesto en este país pobre y saqueado por tantos intereses, y por eso la salud no puede seguir siendo un negocio, sino un servicio y un derecho fundamental.
El debate principal de los candidatos debe girar en torno a la salud. Debemos escucharlos para conocer cómo van a buscar una solución que lleva tantos años aplazándose y con una deuda cada vez más grande.
Hay infinitos casos e infinitas tristezas por la falta de medicamentos: enfermedades con recaídas por la falta de continuidad de un tratamiento vital. Dicen que la falta de salud mata más que las guerras, y eso que Colombia es rica en guerras y muertos. Candidatos, los queremos escuchar.
Y, mientras tanto, el paciente todavía no ha podido cambiar su fórmula porque no le han dado cita después de tres meses con el médico.










