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Jueves 07 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Cocadas gironesas

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El 28 de junio de 1806 acudieron ante el escribano público de Girón los cinco hijos de Ignacio Torres para protocolizar la venta de su herencia paterna: veinte varas de tierra sembradas de cacao y plátanos, en el sitio de Quebrada grande. Con orgullo ante el comprador, hicieron anotar dos veces en la escritura un elemento heredado que les fascinaba: “una palma de coco”. Este dato es muy revelador por su consecuencia, dado que nunca habían aparecido estas plantas en los protocolos notariales de compraventa de estancias. El cocotero (cocos nucífera) moderno, la palma heredada por la familia Torres, deriva genéticamente de los cocoteros de las islas Filipinas, por lo que su ruta de ingreso al continente americano fue por el océano Pacífico, y después se propagó por las islas del Caribe. El navegante Vasco de Gama conoció la planta en su primer viaje a la India y lo llevó a Portugal, donde sus marineros le dieron el nombre de coco, que anteriormente aplicaban a un monstruo de su folclor.

La consecuencia de este protocolo notarial es que las cocadas gironesas no son una tradición antigua de la “cultura colonial”, sino una invención republicana, alimentada por las panelas de los trapiches y los panes de azúcar. Lo antiguo es la tradición gironesa de nombrar a los niños bastardos como “cocadas de panela”, por contraposición a los niños legítimos: “cocadas de azúcar”. Las señoras bumanguesas solo hacían dulces de platico con los cocos y el almíbar, agradecidas con los alcaldes que llenaron sus parques con palmas reales de Cuba (roystonea regia), una bendición para los paseantes, pues no producen los cocos que han descalabrado a tantos cristianos en Girón. Alguna rama seca puede caerse alguna vez, pero un ramalazo no ha matado a nadie.

Las alegrías con coco y anís son un elemento de la cultura culinaria de Cartagena, porque las nuestras son de millo y melaza de caña. En definitiva, el cocotero no es una de nuestras plantas tradicionales, como sabemos por el documento de los hermanos Torres, quienes no se esforzaron por conservar la novedad paterna en la tierra heredada.

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