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Domingo 24 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Faltan 15 minutos

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No sé de fútbol ni de política, no soy técnico, no soy estratega y tampoco pretendo posar de analista electoral. Pero lo que sí tengo es sentido común, y el sentido común me dice que no se celebra antes de ganar.

En el fútbol, esa lección se repite una y otra vez. Un equipo hace un gol, se siente superior, baja la guardia, empieza a jugar con suficiencia y, cuando menos lo espera, el rival empata o le voltea el partido. A Colombia le ha pasado y mucho. Por ejemplo, contra Paraguay, en las eliminatorias a Rusia 2018, Falcao marcó al minuto 79 y el país sintió que ya estaba clasificado; faltaban pocos minutos, todo parecía resuelto, pero Paraguay no se rindió: empató y luego ganó 2-1. Pasamos de la celebración al dolor.

También ocurrió contra Brasil en la Copa América 2021; Colombia ganaba con un golazo de Luis Díaz, parecía una noche histórica, hasta que Brasil empató y después, en el minuto 90+10, Casemiro marcó el gol del triunfo. Y, más recientemente, contra Uruguay, Colombia empató en el tiempo de reposición y muchos sintieron que el punto ya estaba asegurado; pero Uruguay siguió jugando y ganó en el último momento.

Y eso mismo está pasando hoy en Colombia. Faltando una semana para que empiece de verdad la etapa decisiva de esta campaña, ya hay candidatos que actúan como si hubieran ganado. Iván Cepeda, desde una izquierda extrema, parece representar la continuidad de un proyecto que cree que Colombia ya está sometida a su relato. Por otra parte, Abelardo de la Espriella, desde el otro extremo, cree que el golpe emocional es suficiente para ganar las elecciones.

Los dos extremos se parecen más de lo que creen: ambos se sienten dueños del momento, ambos hablan como si el país ya hubiera decidido y ambos parecen olvidar que las elecciones no se ganan con encuestas.

Mientras tanto, Paloma Valencia sigue haciendo algo que aprendió muy bien del presidente Uribe: trabajar, trabajar y trabajar. No necesita disfrazar la política ni de espectáculo ni de rencor. Paloma representa experiencia, carácter, formación, convicción y una idea clara de país; pero, sobre todo, representa una posibilidad de sumar donde otros dividen.

Colombia ya cometió una vez el error de votar con emoción. Muchos creyeron que bastaba con el “no robar, no mentir, no traicionar” de Rodolfo Hernández para ganar las elecciones. Al final, Gustavo Petro, con experiencia, disciplina política y estructura, terminó ganando.

Por eso, esta elección no se puede tomar como un partido ganado. Ni Cepeda ha ganado, ni Abelardo ha ganado, ni Paloma ha ganado. Nadie puede cantar victoria.

Colombia todavía está en la cancha, y lo que viene exige cabeza fría, humildad, disciplina y capacidad de unir. Sobre todo porque el segundo tiempo —la segunda vuelta— requiere reorganizar los equipos, sumar fuerzas y preparar la final con toda la artillería. Sin lugar a dudas, con la 10 de Paloma Valencia.

Colombia no puede darse el lujo de perder este partido, especialmente si el ganador termina siendo Iván Cepeda.

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