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Martes 21 de julio de 2026 - 01:00 AM

Treinta y cinco años después

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Era el 28 de abril de 1990, el arquitecto Alberto Montoya era el primer alcalde de elección popular, de nuestra bonita; el abogado Pedro Pablo Contreras su secretario general. El país abría las compuertas de una nueva constitución política y en las universidades los foros y la séptima papeleta era el lugar común.

Con apenas 23 años de edad, estudiante de sociología UCC y representante del Consejo estudiantil leí mi ponencia bajo el título: “La generación de las manos limpias”. La administración municipal convocó, organizó y presidió el foro.

A los pocos meses, una legión de jóvenes universitarios de la ciudad de Bucaramanga, subidos en un bus de Copetran, repleto de preguntas, idealistas confesos, irreverentes anónimos y sin permiso nos fuimos a Bogotá, al primer congreso Pro-asamblea Nacional Constituyente; nos habíamos ganado el derecho de estar en la historia, en los anaqueles de la Constitución Política de 1991; la idea de nación liberal. En el libro de registro de asistencia, figuran de puño y letra nuestros nombres. Ahora que celebramos sus primeros 35 años, resulta pertinente detenernos en su invaluable aporte, en la construcción de un país más incluyente, respetuoso de la liberalidad, de la autonomía, defensor a ultranza del derecho a expresar nuestras opiniones. La carta que nos regaló la acción de tutela, la jerarquización del tema constitucional a corte etc, etc. Sin duda, era un despropósito que la pirámide de H. Kelsen en teoría, enseñara su jerarquía sobre la ley, pero en la práctica, nuestra realidad, le impedía vivir en casa propia, bajo la figura de ser sala de la corte suprema de justicia.

Desde esta columna de opinión, hacemos un sencillo homenaje a los cientos de estudiantes universitarios de todo el país, que aceptaron el reto, la invitación de la historia y aportaron de buena manera su granito de arena en ese inolvidable foro; a los actores locales en todo el país por abrir la discusión, a los ciudadanos que votaron el “sí” por la séptima papeleta, que dio legalidad a las elecciones de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente, a esos constituyentes que tuvieron la entereza de ceder en sus convicciones para poder avanzar y, a los que jamás se rindieron.

El gobierno que termina, pretendió infructuosamente, gracias al Congreso de la República, enterrar esas conquistas, manosear la constitución política de 1991, sin despeinarse; bajo la puesta en discusión de la convocatoria, a una Asamblea Nacional Constituyente. La sombra de la séptima papeleta, desfiló sin descanso y cuidó cada voto en cada urna, a lo largo y ancho del territorio nacional, el pasado 21 de junio. No olvidemos, que apoyar al presidente electo es una manera de cuidarla.

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