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Columnistas
Domingo 31 de mayo de 2026 - 01:00 AM

El voto silencioso

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Hay un voto que no grita, que no insulta, que no amenaza, que no convierte la diferencia en odio ni la política en una guerra personal. Es un voto que muchas veces no aparece en las redes sociales, que no contesta encuestas, que no se expresa en pancartas ni en discursos incendiarios, pero que existe. Y cuando decide despertar, puede cambiar la historia de un país.

Es el voto silencioso de quienes se levantan temprano a trabajar, de quienes pagan una nómina, abren un negocio, cumplen una jornada, conducen un taxi, atienden un local, enseñan en un salón, cultivan la tierra, cuidan una familia o buscan una oportunidad.

Es el voto de la Colombia que no vive del escándalo, sino del esfuerzo. La Colombia que no pide privilegios, sino condiciones mínimas para salir adelante.

En días de elecciones, suele hablar más fuerte el ruido: las encuestas, los discursos, las campañas, las emociones, los miedos y las pasiones. Pero detrás de todo eso hay una ciudadanía más profunda, más serena y más consciente, que sabe que votar no es simplemente marcar un tarjetón; es tomar una decisión sobre el rumbo moral, económico e institucional de una nación.

El voto silencioso no es indiferente. Muchas veces guarda silencio porque está cansado de la agresión, de la polarización y de la superficialidad con la que se discuten los asuntos públicos. Hay millones de ciudadanos que no comentan cada noticia, que no pelean en redes sociales y que no convierten su pensamiento en espectáculo, pero eso no significa que no entiendan lo que está en juego.

Saben que un país no se construye desde el odio; que la democracia no se sostiene sola; que las instituciones, la libertad, la seguridad, el empleo, la empresa, la educación y la familia no son conceptos abstractos, sino realidades concretas que afectan la vida diaria de todos. Saben, también, que cuando los ciudadanos responsables se abstienen, otros deciden por ellos.

El voto silencioso tiene una fuerza especial porque no nace del fanatismo, sino de la conciencia. No necesita insultar para ser firme. No necesita gritar para ser claro. Es un voto que puede unir a trabajadores, emprendedores, jóvenes, padres de familia, empresarios, campesinos, profesionales e independientes alrededor de una pregunta sencilla: ¿qué país queremos dejarles a nuestros hijos?

Por eso, votar debe ser un acto de responsabilidad, no de impulso; de memoria, no de resentimiento; de esperanza, no de miedo.

Colombia necesita ciudadanos que entiendan que la democracia no se defiende solamente con discursos. Se defiende participando, respetando las reglas y votando con criterio.

Hoy, más que levantar la voz, Colombia necesita levantar la conciencia. Necesita que la ciudadanía silenciosa salga de su aparente quietud y ejerza el poder más legítimo que tiene en democracia: decidir.

Que vote quien trabaja, quien emprende, quien estudia, quien sueña con un país más seguro, más libre, más justo y con más oportunidades.

Hoy se decide el futuro del país. Y les tengo una noticia: el voto silencioso será el que defina la Presidencia de Colombia.

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