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Sábado 13 de junio de 2026 - 01:00 AM

Que el Mundial no nos distraiga

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Durante las próximas semanas millones de personas estarán pendientes del Mundial de Fútbol. Las conversaciones girarán alrededor de los resultados, las figuras y las sorpresas de cada partido. Y está bien; el fútbol emociona, une y nos permite desconectarnos por un momento de las preocupaciones diarias.

El problema aparece cuando la emoción termina convirtiéndose en distracción. Mientras discutimos quién avanza a la siguiente ronda, en Bucaramanga y su área metropolitana hay un problema que sigue esperando soluciones: el transporte público.

Las imágenes de estaciones deterioradas, buses fuera de servicio, estructuras vandalizadas y el reciente incendio de la estación de Girón deberían encender todas las alarmas; a ello se suman los cuestionamientos sobre los cerca de $10 mil millones invertidos por Metrolínea en buses usados y estudios, así como los casi $53 mil millones gastados durante 2025, es decir, más de $1.000 millones semanales que, al parecer, nos dejaron en las mismas o peor.

Lo más preocupante es que seguimos hablando de cómo salvar Metrolínea cuando hace mucho tiempo debimos estar discutiendo cómo transformar el transporte de la región con un metro o teleféricos. Pero la desidia nos ha impedido alcanzar siquiera lo más básico: contar con un sistema de buses eficiente y digno.

Y es importante entender que el transporte público no es un asunto aislado de la movilidad; por el contrario, es la principal herramienta para mejorarla. Cada ciudadano que encuentra un servicio eficiente representa un viaje menos en transporte informal y menos vehículos contribuyendo a los trancones.

Por eso resulta equivocado pensar que la solución está únicamente en construir nuevas obras. Antes de hablar de intercambiadores o corredores viales, deberíamos garantizar que exista un sistema de transporte público que funcione; de poco sirve invertir los $538 mil millones del crédito si seguimos sin resolver la forma en que miles de personas se movilizan diariamente.

Quizás una de las razones por las que este problema lleva tantos años sin solución es que quienes deben resolverlo pocas veces padecen sus consecuencias. Es difícil comprender la urgencia del transporte público desde la comodidad de un vehículo oficial que, paradójicamente, transita por el carril exclusivo de Metrolínea.

El Mundial terminará, los goles pasarán, la euforia se irá; pero los ciudadanos seguirán necesitando llegar a sus trabajos, estudiar, hacer diligencias y regresar a sus hogares.

Ojalá no permitamos que el fútbol nos distraiga de los problemas que realmente impactan la calidad de vida del área metropolitana. No vaya a ser que, cuando termine el Mundial, descubramos que la verdadera goleada la recibimos nosotros.

A propósito, los colombianos elegiremos presidente el próximo 21 de junio. El llamado es el mismo: que el Mundial no nos distraiga. No sea que, cuando vuelva la realidad, descubramos que el resultado tampoco nos gustó.

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