Publicidad

Columnistas
Miércoles 24 de junio de 2026 - 02:18 PM

Donde algunos ven sombras, Colombia deja luces

Colombia ganó, fue superior a sus rivales y dejó buenas sensaciones en el Mundial. ¿Por qué algunos siguen poniendo en duda el rendimiento de la Tricolor?

Compartir

En el fútbol, como en la vida, a veces toca enfrentar los desafíos que aparecen en el camino y no los que uno quisiera. A Colombia le correspondió medirse con Uzbekistán y la República Democrática del Congo, selecciones que sobre el papel parecen inferiores, pero que también llegaron a una Copa del Mundo impulsadas por el mismo sueño que mueve a todos los participantes. Y frente a ellas, la Tricolor respondió como debía hacerlo: jugando al fútbol, imponiendo condiciones y hablando con la pelota en los pies.

Por eso resulta injusto, incluso mezquino, minimizar lo que ha hecho el equipo de Néstor Lorenzo. Que no le ganó a nadie. Que no goleó. Que cuando aparezcan los gigantes se verá la verdadera dimensión del equipo. Son frases que se repiten con demasiada facilidad, como si ganar en un Mundial fuera una obligación sencilla y no una conquista que exige esfuerzo, concentración y carácter.

Parece que existe una extraña costumbre de restarle valor a lo propio. Pero, ¿qué culpa tiene Colombia de los rivales que el destino le puso enfrente? Los enfrentó y los superó. Eso es lo que corresponde hacer en una competencia de este nivel.

Lea la columna anterior: A Messi le regalan todo

Además, el torneo demuestra que a veces no hay adversarios pequeños. La ‘poderosa’ Portugal apenas pudo empatar con Congo. España tropezó ante Cabo Verde. Inglaterra dejó puntos frente a Ghana. Uruguay quedó en deuda contra Arabia Saudita y los propios caboverdianos. El Mundial tiene esa magia: las distancias se acortan, de camiseta no se gana y el trabajo, respaldado por la ilusión, convierten a cualquier selección en un rival capaz de desafiar a los favoritos.

Es muy difícil que un equipo domine los 90 minutos. En algún momento, incluso las selecciones de menor tradición encuentran argumentos para competir, para rebelarse, para recordar que también pertenecen a este escenario.

Y en ese contexto, el balance de Colombia es ampliamente positivo. Fue superior a sus dos adversarios, generó más oportunidades de gol, tuvo la iniciativa y, aunque mostró algunas grietas defensivas, especialmente frente a los asiáticos, nunca dejó la sensación de ser un equipo sometido.

Más allá de los resultados, hay señales que invitan al optimismo. La Tricolor quiere ser protagonista. Busca el arco rival. Intenta asumir el control de los partidos. Y aunque todavía hay aspectos por corregir, el equipo transmite equilibrio, una palabra indispensable para quienes aspiran a trascender en los grandes torneos.

Las individualidades también han iluminado el camino. Luis Díaz ha jugado con esa calidad que parece capaz de encender la ilusión del más incrédulo. Gustavo Puerta ha trabajado con silenciosa eficacia, aportando sacrificio y generando acciones ofensivas. Daniel Muñoz ha sido un guerrero de ida y vuelta, firme para defender y valiente para atacar.

Otros nombres importantes, como Luis Suárez, James Rodríguez y Johan Mojica, aún no han encontrado su mejor versión. Sin embargo, allí también aparece una de las fortalezas de esta selección: la capacidad de respuesta. Lorenzo ha movido las piezas cuando ha sido necesario y encontró soluciones en el banco, con futbolistas como Juan Fernando Quintero, Jhon Córdoba y Juan Camilo Hernández, quienes han demostrado que este grupo tiene recursos más allá de los once inicialistas.

Esto apenas comienza. El camino todavía es largo y las pruebas serán cada vez más exigentes. Portugal aparece como favorita para cerrar el grupo en la cima, pero Colombia tiene razones para creer, argumentos para competir y fútbol para soñar.

Porque hasta aquí ha estado a la altura del desafío. Ha sido más que sus rivales. Claro que hay errores por corregir; ningún equipo está terminado en la segunda fecha de un Mundial. Pero cuando la balanza se inclina, pesan más las certezas que las dudas, más las virtudes que los defectos, más la esperanza que el pesimismo.

Y en tiempos donde algunos se empeñan en buscar sombras, quizá también vale la pena reconocer la luz que esta selección ha empezado a encender.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día