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Jueves 25 de junio de 2026 - 01:00 AM

La historia se repite

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En las elecciones presidenciales de 1836 los candidatos que atrajeron la opinión pública, en el círculo de los ministeriales de orientación liberal, fueron José María Obando, José Ignacio de Márquez, Vicente Azuero y José Rafael Mosquera. Por su cargo de presidente, el general Santander debió actuar con neutralidad, pero no lo hizo así: se inclinó abiertamente por la candidatura del general Obando. Blanco de muchas críticas en los periódicos, como la de tres ciudadanos anónimos que le recordaron un artículo no democrático de la primera constitución de Bolivia (“el presidente de la República nombrará su sucesor”), tuvo Santander que publicar un alegato de defensa, el 31 de agosto de 1836, que tituló “El ciudadano que suscribe informa a la Nueva Granada de los motivos que ha tenido para opinar en favor de la elección del general José María Obando para presidente futuro”.

Pues el doctor José Ignacio de Márquez obtuvo el triunfo, tanto en los escrutinios de las asambleas electorales de las provincias que se reunieron en 1836, como en la elección perfeccionadora que realizó la Legislatura de 1837. Su triunfo electoral fue indudable, y el partido ministerial lo recibió con júbilo, dados sus brillantes antecedentes en la administración pública desde 1819. Los críticos de Santander le advirtieron: si Obando perdía la elección, bajaría de su puesto “en medio de los silbidos de sus enemigos, por haber llevado tal chasco, y sus amigos contemplarían sin pena su humillación, preferible a la humillación de la patria”.

La historia se repitió el pasado domingo, cuando el intervencionista presidente saliente se llevó un buen chasco, en todo caso “preferible a la humillación de la patria”. Pero conforta que tenemos en nuestra historia un caso ejemplar de neutralidad absoluta de un presidente ante una elección presidencial: Alberto Lleras Camargo. En 1946, cuando Jorge Eliécer Gaitán levantó su candidatura disidente contra el candidato oficial de la Convención Liberal, Gabriel Turbay, el presidente Lleras Camargo impuso la neutralidad a todos los funcionarios públicos. Gracias a esta actitud, el candidato conservador, Mariano Ospina Pérez, pudo ganar la Presidencia ante la dispersión de los votos de los liberales. ¡Chapeau!

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