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Sábado 11 de julio de 2026 - 12:03 PM

El empalme: la primera prueba del nuevo tiempo político

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Las campañas terminaron. Los discursos de plaza pública ya cumplieron con su cometido y las urnas decidieron. Ahora comienza el momento más importante de toda democracia: demostrar que las instituciones son más fuertes que las diferencias políticas.

La controversia alrededor del empalme entre el gobierno saliente del presidente Gustavo Petro, como ya se sabía, parece un escenario para continuar con una campaña electoral, poniendo en duda su resultado. El presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha demostrado madurez, responsabilidad y respeto por las instituciones.

El empalme no es un favor que un gobierno le hace a otro. Es un deber constitucional con los colombianos. Cada documento entregado, cada cifra verificada y cada informe de gestión constituyen parte del patrimonio administrativo de la Nación. Ocultar información, retrasarla o convertirla en instrumento de confrontación política solo debilita la confianza ciudadana.

El gobierno entrante tiene el derecho y la obligación de conocer con precisión el estado de las finanzas públicas, el avance de los proyectos estratégicos, las obligaciones adquiridas por el Estado y la realidad de la seguridad nacional. De la misma manera, el gobierno saliente tiene el deber de entregar esa información de manera completa, verificable y transparente.

Las diferencias políticas son legítimas. Lo que no puede ser objeto de disputa es la continuidad del Estado. Los ciudadanos eligieron un nuevo rumbo y ese mandato democrático merece ser respetado sin obstáculos innecesarios.

El presidente electo ha anunciado que su prioridad será recuperar la confianza en las instituciones, fortalecer la seguridad, impulsar la inversión y reactivar las grandes obras de infraestructura. Para lograrlo, necesita recibir un diagnóstico claro del país que asumirá el próximo 7 de agosto. Esa información será la base de las decisiones que marcarán el inicio de su administración.

La experiencia demuestra que los países que realizan transiciones ordenadas generan mayor confianza entre inversionistas, empresarios y ciudadanos. Por el contrario, cuando el empalme se convierte en un escenario de confrontación, la incertidumbre termina afectando la economía y la gobernabilidad.

El presidente electo ha sabido rodearse, nombrando un equipo ministerial capaz, inteligente y con conocimiento, dándole responsabilidad a las regiones. Es momento de que prevalezca la institucionalidad. Los gobiernos pasan; Colombia permanece. Las pasiones políticas también son transitorias.

El país necesita menos discursos y más responsabilidad. El verdadero legado de un gobierno no está únicamente en las obras que inaugura, sino también en la forma digna y transparente como entrega el poder. (Sería mucho pedir). Esa será la primera gran prueba del nuevo tiempo político que comienza para los colombianos.

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