—Dicen que por el desayuno se sabe cómo será el almuerzo —comentó el ilustre profesor Gregorio Montebell—, y parece que la “extrema coherencia” del gobierno próximo se sale de sus mismos límites.
—Fiiiirmes por la patria —gritó Osquítar—. ¿Acaso qué le ve usted a los nombramientos?: gente de bien, gente capacitada, gente con experiencia en el sector público.
—Precisamente, Osquítar: frente al anuncio de campaña de «trabajar con los que “nunca” han mamado de la teta del Estado», la nueva lista está lejos de cumplir con ese parámetro.
—Pero hay gente joven, como yo, que espero nombramiento, ojalá en el Ministerio de Educación, con la pastora. En eso quedamos.
—De pronto en otros espacios, porque no le veo méritos por ahí.
—¿Qué importa? Los méritos los medimos por la actividad en campaña, no por conocimientos. Acepto que no sé nada de educación, pero puedo estar en Cultura; ojalá como ministro.
—Ah, no; eso sí que no —vociferó Maurén entrando en tromba—. El de cultura me lo prometió el jefe, y aunque dicen que la que suena es la boba de la María Paz, a mí me da mucha pena, pero eso no lo voy a permitir. Y yo no soy como usted, que te contentas con migajas. ¡Fiiiirmes por la patria!
—Ojalá sea alguien que haya aprendido a tutear —bromeó el profesor Bernardino—. Los populismos siempre han sido de ideas románticas y eso conlleva manipulación y desperdicio de la idea de cultura. Si el criterio es de maestría, entonces, se puede superar la ideología, sea de izquierda o de derecha; si hay un criterio de maestría, precisamente se trabaja para la excelencia. El caso preciso es el de la música: la mejor manera de sacar a la gente de las condiciones precarias que tiene en la injusticia, en la desigualdad, es que tengan acceso a buena calidad de música. La academia transforma en cualquier gobierno, y, en el caso de la música, si hay acceso a la excelencia, van a salir buenos músicos, y ya veremos después cómo se organiza el país.
Es importante el trabajo de memoria y de museos, que no se ha hecho (y, además, dejaron tirado el trabajo de la memoria). El proceso de Doris Salcedo y lo que se hizo alrededor de las negociaciones de paz y del plebiscito fue maravilloso, así como lo de la Comisión de la Verdad, pero los dos últimos gobiernos lo descuidaron completamente. Ojalá en las regiones, en los municipios pequeños, haya trabajo de memoria.
¡Ah!, para cualquier trabajo de cultura, siempre tiene que haber lectura y escritura; y para lo que sea, en un gobierno y en la sociedad. Pero de esto, poco y nada.












