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Columnistas
Viernes 14 de agosto de 2026 - 01:00 AM

¡Qué falta de sensatez!

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Falta que jueguen en un cementerio; ¡solamente falta eso! Que la Dimayor saque en comodato un terreno en camposanto, monten dos porterías, demarcan el rectángulo en medio de las tumbas, cerquen el lugar con tribunas portátiles y citen a los equipos en contienda; lleven a la terna arbitral y, como si fuera poco, a los del VAR les monten sus televisores en los cenizarios. También van a permitir que los jugadores se pongan sus uniformes en los baños de la funeraria y, para que el tema tenga más seriedad, inviten a un sacerdote para que dé el puntapié inicial.

Por solidaridad, amistad y cariño, estuve llamando durante estos tres días -con motivo del devastador terremoto- a grandes amigos y compañeros de la radio como Gustavo ‘Tato’ Sanint, quien reside en Pereira y me dijo: “Pipe, pensé que era mi último día, vivo en un piso 13, esta ciudad quedó destruida”. Hablé con Daniel Angulo, quien entre sollozos me narró la historia de Violeta y su abuelita. Las dos fallecieron en Cali, víctimas del fuerte sismo; eran muy cercanas al comentarista de WIN, quien es un profesional íntegro, “pero en este momento no soy capaz de transmitir un partido, Pipe, esto es muy duro”.

Llamé al flaco José Alberto Ortíz, comentarista de Caracol en Cali y quien salvó su vida gracias a que salió rápidamente del supermercado en donde se encontraba a la hora en que sucedió el movimiento telúrico; José Alberto no quiere saber mucho del tema: por respeto a las víctimas, a los heridos. El periodista tolimense es un caballero muy sensible y con una calidad humana excepcional, ¡lo conozco! El flaco Ortíz no será capaz de coger un micrófono para ir a comentar un partido en el Pascual Guerrero, si es que el escenario está en condiciones de recibir a más de 20.000 espectadores. No creo, ni siquiera lo pongo en duda, que el público vallecaucano -hinchas del América o del Deportivo Cali- tengan ganas de ir a un estadio en medio de semejante dolor.

Los caleños son inigualables y no son capaces de algo semejante. Hablé con Jaime Orlando Dinas, a quien conozco hace 40 años; Jaime se soltó en prosa durante mi programa matinal de Olé Fútbol y fue quien me dijo: “Estos tipos del fútbol no tienen alma ni corazón, son máquinas registradoras y están a punto de jugar en un cementerio o en un camposanto. ¡No les corre sangre por las venas!”.

Desde el mismo día del terremoto, estos bárbaros de la Dimayor escribieron en un comunicado que los partidos del lunes 10 se mudaban para el martes 11 y que los demás se corrían un día para no afectar el calendario. Después dijeron: “La liga se reanudará desde el viernes 14 con el partido Llaneros-Tolima”.

Ante el reclamo de muchos de nosotros que pensamos que el torneo debe suspenderse durante un tiempo largo, mínimo un mes, así se nos venga el mundo encima, estos genios de la Dimayor se dieron cuenta de la metida de patas, pusieron a funcionar sus cerebros chamuscados y exclamaron lo siguiente sin sonrojarse, luego de toda la cháchara barata que redactaron en el comunicado oficial, rematando con esto: “Sin embargo, hemos decidido aplazar la fecha del fin de semana. Retomaremos el próximo 19 de agosto con la programación de nuestras distintas competencias”.

El fútbol debe continuar, igual que la vida. Pero aquí podíamos esperar un ratico. Veo que van a repetir lo de 1985 cuando, después de la masacre del Palacio de Justicia y de la tragedia de Armero, se siguió jugando encima de los muertos y del lodo. Ahora cambia el decorado; tenemos muertos bajo los escombros, casas y edificios en el suelo, cientos de víctimas y miles de damnificados, con hambre, con sed, sin nada en sus bolsillos. Y estos del fútbol pensando en la plata de ellos. La Conmebol y la Federación Colombiana de Fútbol anunciaron que donarán un millón de dólares. ¡Qué lindos! Muy conmovedor ese gesto. Pero no alcanza para aliviar el dolor que tenemos todos. ¡Cavaron su propia tumba! Nadie los quiere, precisamente por este tipo de actos que van en contra de lo que estamos sintiendo el resto de colombianos.

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