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Jueves 20 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Abelardo

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Un periodista cucuteño de éxito sostiene que un presidente de Colombia no puede llamarse Abelardo. ¿Por qué? Porque los traductores mexicanos de un personaje de la serie televisiva estadounidense The Muppets decidieron ponerle este nombre a uno de sus títeres, como también tradujeron el nombre de la rana Kermit como rana René. Como nuestra constitución permite que ciudadanos llamados Gumersindo, Cupertino o Corcino pueden ser presidentes de nuestro país, no valdría la pena ocuparse de un mal chiste. Pero el nombre del teólogo francés Pedro Abelardo debe ser reivindicado. Para ser justos, no por él, hombre de pasiones sexuales incontroladas, sino por su mal amada: una bella doncella de letras llamada Eloísa.

Ya nadie lee su Historia Calamitatum, pero todavía las almas románticas leen el epistolario titulado Abelardo y Eloísa, paradigma del amor en los tiempos de la Baja Edad Media. Incluso los espíritus ilustrados leen una segunda versión del amor entre un preceptor y su alumna, publicado en 1761 por Jean Jacques Rousseau bajo el título de Julia, o la nueva Eloísa. El ideal de la mujer letrada, naturalista y amante de su jardín fue empleado por Bolívar como táctica de seducción con las señoras Ibáñez. En una carta personal escribió el Libertador: “A Bernardina le mandaré un poco de tierra de la sepultura de Eloísa, a mi señora Nicolasa algunos limones del lago de Como en Milán”. En una carta fechada en Bucaramanga el 3 de abril de 1828, decía a Manuelita: “A todas voy a contestar con unas palabras más elocuentes que tu Eloísa, tu modelo”. Henri Ducoudray-Holstein relató que encontró a Bolívar en Los Cayos de Haití, en su hamaca, leyendo La nueva Eloísa de Rousseau.

Eloísa ha sido el modelo de todas las mujeres ilustradas que aman a hombres que no las merecen, porque no son capaces de ir más allá del deseo sexual. Solo las mujeres saben amar por completo, como sabe cualquier persona observadora. Como algunas de ellas escogen como objeto de su amor a caballeros llamados Abelardo, podemos concluir que estos tienen pleno derecho a ser presidentes legítimos de cualquier república.

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