Hay una paradoja peligrosa en el centro de la ola de recursos de IA que navegamos. La adopción de la IA es más alta que nunca y eso obliga a las grandes empresas del ramo a sostener alucinantes ritmos de crecimiento y de inversión. El despliegue de infraestructura para inteligencia artificial está alcanzando cifras de gasto de capital que desafían la lógica y las ganancias, al menos las presentes y las del futuro más inmediato, no parecen sustentarlas.
Según datos recientes publicados por MIT Technology Review, la inversión global en centros de datos orientados a estas cargas de trabajo llegará al billón de dólares en 2027. Este ritmo de expansión, impulsado por los grandes proveedores de servicios en la nube como Alphabet, Microsoft, Amazon, Meta y Oracle, se suma a un gasto total asociado a esta arquitectura que un análisis de Gartner estima alcanzará los 2,5 billones de dólares este mismo año. He visto proyecciones que ponen las inversiones de Alphabet, Microsoft, Amazon, Meta y Oracle en el orden de los 4 ó 5 billones de dólares en lo que queda de la década.
Sin embargo, la brecha de retornos es amplia. Datos compartidos por Gary Gensler, exdirector de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos y académico del MIT, indican que los ingresos anuales generados por el sector de la inteligencia artificial rondarán apenas entre los 150.000 y 200.000 millones de dólares. Ese es un desequilibrio que Wall Street no va a poder ignorar indefinidamente.
Miren el caso de Anthropic. Según un informe de Forbes, la firma reportó una pérdida neta asombrosa de 42.000 millones de dólares en 2025, a pesar de generar 4.600 millones en ingresos. La mayor parte de esta cifra principal proviene de ajustes contables no monetarios más que de gastos excesivos, pero la desproporción sigue allí. Son datos decididamente sombríos para una empresa que se aproxima, pese a todo, a salir a bolsa, con lo que los expertos creen podría ser una valoración por encima de los 2 billones de dólares, en posiblemente la mayor OPV de la historia.
Se vuelve inescapable, entonces, citar aquí a Michael Burry, el famoso inversionista de The Big Short, famoso por pronosticar la caída del mercado inmobiliario en EE. UU. en la primera década de este siglo. Él dice que depender de ingresos no probados en el ámbito de la IA, estructurados con acuerdos legales exigentes, es una proposición precaria y que bastaría una temporada en la que los ingresos de la IA decepcionen al gasto de capital que la respalda para detonar la burbuja, la palabra con B que no se menciona en Silicon Valley.
Concedido: No es que haya nubes en el cielo. Burry ha mostrado cautela y, de hecho, este año ha diversificado sus acciones para protegerse de un eventual giro en las condiciones, pero lo cierto es que las acciones han seguido subiendo a nuevos máximos. El Nasdaq Composite cerró en un récord la semana pasada y todo está bien en el mercado de la IA.
¿Qué es lo peor que podría pasar?











