En el Páramo del Almorzadero, en el sector Ancá de la vereda Cairasco en el municipio de San Andrés en el departamento de Santander, se encuentra “La Piedra del Cóndor”, una Reserva Natural de propiedad de la Fundación Parque Jaime Duque, que tiene como objetivo promover la conservación a largo plazo de las poblaciones de cóndor andino, el ave voladora más grande del mundo y el símbolo nacional de Colombia desde 1834.
Sus esfuerzos llevan más de 13 años dando frutos en el departamento, pero su labor no ha sido lo suficientemente reconocida por la sociedad en general y los gobiernos locales, a pesar de las incontables veces que esta Fundación ha tratado de integrar a los actores gubernamentales en su labor.
Una de las tareas más dificultosas para los encargados de la Reserva es hacerles caer en cuenta a los campesinos de la región, que esta ave no es cazadora, sino carroñera, y por ende solo se alimenta de carne en descomposición, lo que hace que su presencia no represente peligro alguno para sus animales de cría. Esta sola acción ya es una salvación por sí misma para la especie, porque con ello se evita que les hagan daño.
Sin embargo, la realidad es otra, y los cóndores que sufren daños por envenenamiento o violencia son rescatados por la Fundación y devueltos en sanas condiciones a su hábitat natural. Una tarea titánica que requiere la instalación de un Centro de Atención y Valoración médica y biológica (CAV) en la Reserva, para poder atender con mayor prontitud los casos más graves en la zona.
Su puesta en funcionamiento depende de una visita al predio por parte de la Corporación Autónoma Regional de Santander, la cual se viene esperando desde principios del 2026, sin que hasta hoy se haya tenido respuesta.
Por eso es importante pedirle a su directora, Gloria Milena Durán Villar, que les facilite esa visita y, desde lo institucional, comience de esta forma a sumarse a la titánica tarea de esta fundación en la región, por el bien de nuestros ecosistemas y nuestra biodiversidad.










