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Jueves 27 de agosto de 2026 - 01:00 AM

La disciplina también es una forma de fortalecer la salud mental

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En mi trabajo como psiquiatra hay una pregunta que escucho con frecuencia: “¿Qué puedo hacer para sentirme mejor?”. Y aunque cada persona necesita un abordaje diferente, muchas veces la respuesta no comienza con algo extraordinario. Comienza por recuperar algunas cosas básicas que, poco a poco, hemos dejado de hacer.

Por eso trabajo con mis pacientes un programa de trabajo personalizado que se arma de acuerdo a las condiciones y necesidades de cada uno. No se trata simplemente de decirles que hagan ejercicio, lean, coman mejor, busquen de Dios o duerman bien. Se trata de convertir esas recomendaciones en hábitos reales, sostenidos en el tiempo y que al final pasen de ser un compromiso a una CONVICCIÓN.

Porque saber qué nos hace bien no significa necesariamente hacerlo.

Y ahí aparece una palabra que, en ocasiones, hemos convertido injustamente en algo negativo: disciplina.

La disciplina no es castigarnos. Tampoco significa vivir obsesionados con producir, alcanzar metas o exigirnos constantemente. Bien entendida, es la capacidad de hacer por nosotros mismos aquello que sabemos que necesitamos, incluso cuando no tenemos ganas.

Ejercicio. Buena alimentación. Lectura. Descanso. Vida espiritual. Un hobby. Tiempo con las personas que queremos. Espacios de silencio. Una rutina. Objetivos personales.

No parecen grandes cosas. Pero repetidas durante meses pueden transformar una vida.

Hay algo todavía más profundo: la disciplina construye confianza en nosotros mismos.

Cuando constantemente nos prometemos algo y no lo cumplimos, nuestra relación con nosotros mismos se deteriora. “Mañana empiezo”. “Esta semana sí”. “Ahora sí voy a cambiar”. “El lunes arranco”. Y pasan los días y no pasa nada.

En cambio, cada pequeña promesa cumplida genera un mensaje diferente: puedo contar conmigo.

Esto no significa que la depresión, la ansiedad, un duelo o una adicción se solucionen simplemente con disciplina. Sería irresponsable decirlo. Hay personas que necesitan psicoterapia, medicamentos, manejo intrahospitalario, tratamiento especializado o una combinación de varias intervenciones. La disciplina no reemplaza el tratamiento.

Pero si puede acompañarlo.

Porque la salud mental no ocurre únicamente dentro de nuestra cabeza. También se construye, en buena medida, en la forma como vivimos nuestro día a día.

Y disciplina tampoco significa llenar cada minuto de obligaciones. También es disciplinado descansar, desconectarse, disfrutar, cultivar una afición que no produce dinero, cuidar una relación o simplemente detenerse. Incluso aburrirse también hace parte de la disciplina.

El objetivo no es convertirnos en máquinas productivas. Es construir una vida que tenga estructura, propósito y sentido.

Quizá hemos cometido el error de pensar que cuidar nuestra salud mental consiste únicamente en aprender a sentirnos mejor.

A veces también consiste en aprender a vivir mejor.

Y tal vez la disciplina, cuando está bien entendida, no sea una cárcel.

Sea una forma de libertad.

Bienvenidos a la clínica del alma.

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