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Sábado 05 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

El campo se está quedando solo

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Se acerca la cosecha de café y en las fincas vuelve la angustia de cada año: conseguir quién recoja el grano. Hay café para recoger; lo que empieza a faltar son las manos.

El campo colombiano está envejeciendo y no hay relevo. Según el DANE, más de la mitad del campesinado colombiano, el 53,7%, ya pasó los 40 años, y uno de cada seis supera los 65. Basta con recorrer las veredas para darnos cuenta de que cada vez son más los adultos mayores al frente de las

fincas, mientras sus hijos y nietos hacen su vida en la ciudad. No podemos reprocharles que se hayan ido. Durante décadas les dijimos a los jóvenes campesinos que progresar era irse; que el buen colegio, el hospital, el empleo y la modernidad se encontraban en el casco urbano. El resultado era previsible.

Lo preocupante es lo que viene. El Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural calcula que hacia 2050 la población joven rural del país podría caer cerca de un 20%. Entonces, el problema no es solo que el campesinado envejezca, sino que no está garantizado su relevo.

Cada día encontramos leche, huevos, frutas, granos y verduras en tiendas y supermercados, y casi nunca nos preguntamos de dónde vienen; hemos llenado nuestras neveras y alacenas sin dimensionar que detrás de cada uno de esos alimentos hubo alguien que, para hacerlo posible, preparó la tierra, sembró, abonó, peleó con el clima y cosechó.

¿Qué pasará cuando esas manos sean cada vez menos? Podremos tener avenidas nuevas, supermercados modernos y aplicaciones para pedir el mercado desde el celular. Pero ninguna tecnología puede llevar a la mesa lo que nadie sembró.

Por eso, el relevo generacional en el campo debe ser una prioridad nacional. Hay que hacer atractivo el oficio de trabajar la tierra, y eso implica vías transitables, acceso al crédito, casa decente, salud, asistencia técnica, conectividad y, sobre todo, que producir comida sea un negocio digno y rentable. No se trata de impedir que los jóvenes busquen otras oportunidades; se trata de que quedarse también sea una.

Durante años Colombia se propuso llevar el desarrollo de la ciudad al campo. Las fallas de ese propósito hoy nos trazan otro desafío: evitar que, para disfrutar de los avances de la civilización, toque renunciar al título de campesino.

Así las cosas, que el campo se quede solo es un problema de marca mayor, porque los campesinos cada vez son menos, mientras quienes dependemos de ellossomos cada vez más.

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