La historia constitucional de las naciones constituye el recuento de lo que los distintos países han sabido ser y han podido lograr en todo lo que tiene que ver con la evolución no solamente de sus instrumentos jurídicos, sino de todo lo que constituye el catálogo de normas que han definido al Estado y sus poderes públicos; que ha permitido establecer el ejercicio y las limitaciones del poder; que ha estado en capacidad de identificar los derechos fundamentales de las personas; que ha definido las instancias y sus alcances, y que ha establecido el marco de la convivencia ciudadana, entre otros asuntos esenciales.
De ahí que sea necesario invocar el pacto que debe existir entre el elemento jurídico y el político predominante, pues de la conjunción de esos dos factores nace la identificación de un ordenamiento constitucional en el sentido en que su alcance sea de pretensiones de derecha, izquierda o de centro, con todos los matices que se puedan presentar en su acentuación.
Por esta razón, la historia de los países muestra diversas facetas, pues, en la medida en que se implanten fenómenos políticos de determinada etiqueta, ese esquema se va a ver reflejado en su ordenamiento constitucional y en el funcionamiento del Estado y las relaciones entre este y la comunidad.
Nuestro sistema político-jurídico, desde su nacimiento en 1821, nos ha traído toda clase de muestras que unas veces han significado avances, algunas, retrocesos y, muchas veces, enfrentamientos que han llevado a la guerra y al desconocimiento de los intereses ciudadanos.
El doctor Alfonso Gómez Méndez, un jurista de enorme connotación en el país, que fue procurador general, fiscal general, ministro de Justicia, profesor y tratadista de abundante trayectoria, acaba de publicar un interesante libro denominado precisamente Historia Constitucional de Colombia, en el que nos cuenta con toda clase de detalles cómo fueron las circunstancias a las que llegó el país cada vez que quiso embarcarse en un estatuto constitucional.
Allí salen a relucir las responsabilidades de los partidos, las actuaciones de sus dirigentes y los triunfos y frustraciones derivados del marco jurídico implantado, que bien vale la pena repasar y analizar, pues, a la hora de los balances, los ciudadanos tienen que tener muy en claro cuál ha sido la actuación de sus dirigentes cuando se trata de cantar victorias o de lamentar derrotas.
La memoria histórica resulta fundamental para cualquier sociedad, pues una forma de evolucionar es precisamente cuando se tiene la capacidad para purgar errores o para diseñar marcos novedosos que permitan la evolución y el progreso.
Muy recomendado este texto, que está además escrito para que lo entienda cualquier lector desprevenido, pues, a través de la radiografía trazada por el autor, es fácil entender nuestra historia y también nuestras instituciones.











