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Viernes 16 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Pulga arrecha

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“Todos nacemos empelotos y nada nos llevamos a la tumba”. Así reza una parte de “Pulga Arrecha”, la biografía de uno de los hombres más destacados de Colombia en razón de su actividad industrial marroquinera: Mario Hernández Zambrano, más conocido por su marca comercial, que lleva la impronta de su propio nombre.

Nació pobre, se crió pobre y duró pobre durante su juventud, pero el tesón de crear para crecer, nunca desfallecer y siempre insistir, afirmando sin eufemismos: “… yo no sé hacer nada, pero he sabido conseguir que las cosas se concreten…”; “…y ser claro: decir “sí” o decir “no”, no perder tiempo ni hacérselo perder a nadie”, lo llevó a ser lo que hoy es.

No fue un privilegiado, pues las personas pobres en Colombia nunca lo son; fue un hombre del común, de esos a quienes la violencia no les dejó vivir donde quisieron, sino que tuvieron que hacerlo donde pudieran.

Huérfano de padre a los 11 años, hijo de un hombre que “… tuvo casi dos docenas de hijos antes de conocer a mamá, con quien se casó cuando él ya bordeaba los 60 años, mientras que ella apenas tenía 23”, tuvo que huir de Capitanejo con sus tres hijos para empezar desde cero en la fría Bogotá.

Exiliado, viviendo en piezas de alquiler, empezó su vida entendiendo el mundo comercial y aprendiendo que la única manera de sobrevivir y crecer es trabajando sin descanso y aprendiendo que el dinero no es fácil de ganar, pero sí muy fácil de gastar.

Dice en su obra: “… el éxito se define esencialmente por la cantidad de personas que habían sido un poquito más felices gracias a nuestro paso por el mundo…” y, sobre esa base, desarrolló su actividad fabril, siendo un referente de buenas prácticas laborales en el país y un ejemplo de que se pueden distribuir las utilidades de un negocio entre todos aquellos que lo hacen posible.

“Un empresario tiene una gran responsabilidad social que empieza por pagar impuestos...” y afirma que en este país se paga entre el 60 % y el 70 % del valor del producto sobre costos que, desde luego, deben cargarse al consumidor final, lo cual hace la diferencia entre lo manufacturado en el país y lo importado, razón por la cual nuestra industria no es competitiva a nivel mundial.

Lo mismo podemos decir de productos como el arroz, la leche, el maíz, el aceite, entre otros.

Sentimos que el libro “Pulga Arrecha: relato de mi vida y consejos empresariales”, de Mario Hernández, debe ser leído por todos aquellos que sienten que emprender es mil veces mejor que depender laboralmente.

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