Un día cualquiera nos preguntamos qué hicimos con nuestro tiempo. Una pregunta sencilla cuya respuesta podría tomarnos horas e incluso días en responderla. Y lo curioso es que mientras hallamos la forma de hacerlo, podemos replantear la misma pregunta sin lograr simplificar su respuesta. Es un hecho que el tema del tiempo ha sido, es y será relativo, complejo, impreciso, subjetivo e inacabado.
A casi nadie le preocupa el tiempo, a no ser que se le esté terminando. Muchos se enfadan, se frustran o se entristecen cuando descubren que han “perdido el tiempo”, por lo que después evitan que algo o alguien se lo haga volver a perder. Hay quienes se protegen del que les quiere “quitar tiempo”, mientras que muchísimas personas en el planeta, ante la invitación o sugerencia de hacer algo diferente, afirman con toda seguridad: “no tengo tiempo”.
El tiempo es algo que a todos nos afecta, aunque no por igual. Un niño siente el paso del tiempo a partir del contraste entre momentos y actividades que le generan agrado o disgusto. Un adolescente y un adulto muy joven suelen no pensar en el tiempo porque su vida parece que será interminable: que su juventud será eterna o que por lo menos les durará hasta cumplir los treinta… Una persona de cuarenta y tantos años descubre con asombro lo valioso de aprovechar el tiempo, más allá de los relativismos, e incluso tiende a cuestionarse sobre por qué no lo supo antes.
¿El tiempo es un misterio o una verdad que salta a la vista de todos? Quizá su cualidad de ser medido o representado de tres maneras: pasado, presente y futuro, lo hacen semejante a expresiones como decir “lo que tuve, lo que tengo y lo que tendré” o a otras posibilidades como decir “lo que anhelaba, lo que no valoro y lo que perderé”. Suena trágica esta última afirmación, pero es que tarde o temprano toda persona se da cuenta del invaluable tesoro que es el tiempo, y lo que parecía una fortuna interminable se multiplicará con la moneda de la satisfacción personal y la gratitud o, por el contrario, se extinguirá dejando a su propietario en la pérdida y el reclamo permanente.
Muchos adultos afirman que el tiempo transcurre cada vez más rápido, atribuyendo este fenómeno a la intervención de factores divinos o sobrenaturales. Lo que la ciencia demuestra es que mientras más años se cumplen menos años se esperan, por lo que la percepción del tiempo cambia inevitablemente, llegando a sentir que la mañana, la tarde, la semana o el año se pasaron “volando”. Y por esto, muchos adultos aprenden a valorar el tiempo sin que sea demasiado tarde.











