No se vislumbra solución al transporte masivo metropolitano. Las obras de recuperación de las doce estaciones de Metrolínea en Bucaramanga, por valor de $11.950 millones, son soluciones aisladas y puntuales, no planteamientos metropolitanos, como si el transporte masivo fuese solo en la meseta. La estación en Floridablanca “Papi Quiero Piña” lleva una década de abandono, sin solución legal ni técnica; el Portal de Piedecuesta se encuentra casi destruido, se robaron las escaleras eléctricas, ascensores, cableado, todo convertido en chatarra; la de Girón, obra suspendida con apenas un 25 % de ejecución, saqueada, incendiada e invadida por la maleza. La alternativa de la red de ciclorrutas de 2019, con una inversión aproximada de $12.778 millones, hoy está en demolición.
El Concejo de Bucaramanga aprobó un empréstito por $538.611 millones para obras viales igualmente puntuales, que dejarán endeudada a la ciudad por décadas, pero que no tocan el tema fundamental del transporte masivo metropolitano. A esto se suma que hemos llegado al mayor desorden y anarquía vial: las estrechas vías son zonas de parqueo y, además, están invadidas por vendedores.
Indispensable que, en las campañas para las elecciones regionales de 2027, haya debates con propuestas realistas y concretas, con visión metropolitana de los cuatro y aún más municipios involucrados en el tema. El fracaso de Metrolínea lo sustituyeron las motos, legales e ilegales, que se impusieron. Las cifras indican que en Colombia se han registrado más de un millón de nuevas motos en el año 2026; hay más de dos motos por cada vehículo de cuatro llantas. En los últimos tres años, su crecimiento ha sido ocho veces superior al crecimiento de la economía.
Sobre las motos, lo primero es revisar su marco: se debe modificar el Código Nacional de Tránsito, que en lo relacionado con las motos es anacrónico y nada realista. En las normas regionales, no hay estudios serios y se improvisa mucho. Los países orientales: Vietnam, Corea, Camboya, Tailandia, etc., y varios más en América Latina vienen con este tema hace décadas y ya han llegado a algunas soluciones que debemos analizar. Tal vez São Paulo sea la ciudad que más ha avanzado y que también más se ha equivocado en sus procesos y soluciones; fundamental conocer resultados.
En resumen, la solución a las motos requiere ser revisada desde el inicio: control y mayor educación vial en la expedición de licencia de conducción, revisión de las viejas motos, un nuevo Código que permita manejar el tema de manera realista y no como un transporte marginal que ocupe el espacio que “le sobra” a los carros. Hoy las motos son mayoría, con respeto y normas lógicas para que puedan ser cumplidas y que haya realmente controles.
Por: Antonio José Díaz Ardila












