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Lunes 26 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Dudamel, orgullo latinoamericano

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En Barquisimeto, Venezuela, un niño que quería tocar el trombón, como su padre, recibió a cambio un violín que se adaptaba mejor a sus brazos. Era Gustavo Dudamel, el director venezolano que el 30 de septiembre asumió la dirección musical y artística de la Filarmónica de Nueva York. Su formación comenzó en El Sistema, el proyecto de educación musical creado por el maestro José Antonio Abreu para acercar a niños y jóvenes a la práctica orquestal. Antes de los grandes escenarios hubo una oportunidad de aprender y maestros que acompañaron su desarrollo.

Ese origen, que Dudamel resalta permanentemente, merece recordarse cuando se celebra su trayectoria. El reconocimiento suele concentrarse en las cualidades excepcionales del artista, mientras las condiciones que hicieron posible su formación quedan en segundo plano. Su experiencia nos invita a considerar cuánto puede significar para una persona encontrar desde la infancia un espacio donde sus capacidades tengan posibilidades de desarrollarse. Una política educativa también se valora por las oportunidades que ofrece antes de saber quién llegará a destacarse.

Durante los diecisiete años que estuvo al frente de la Filarmónica de Los Ángeles, Dudamel contribuyó al crecimiento de YOLA, el programa de orquestas juveniles que la institución impulsa en comunidades marginadas, especialmente afros y latinos. La iniciativa comenzó en 2007 con ochenta estudiantes, inspirada en El Sistema venezolano. Facilita instrumentos gratuitos, formación musical y acompañamiento académico en las barriadas. Su continuidad permite que el acercamiento de un niño a la música tenga un desarrollo más allá de la asistencia ocasional a un concierto.

El mérito de ese trabajo reside en extender las posibilidades de participación. Para una familia, sufragar el colegio y proveer un instrumento puede convertirse en barrera difícil de atender en la educación de sus hijos.

En una orquesta, el esfuerzo individual está comprometido con el resultado compartido. Cada intérprete necesita conocer su parte y escuchar lo que hacen los demás. La preparación insuficiente y la pretensión de sobresalir afectan al conjunto. Aprender a tocar con otros exige reconocer que la contribución propia adquiere sentido dentro de una obra que nadie puede realizar por su cuenta.

Dudamel llega a Nueva York con igual propósito. Al referirse al acceso de toda la comunidad a la experiencia musical, afirma: «No puede ser un lujo. Tiene que ser un derecho».

El repertorio de la gala inaugural, La Panamericana, permite reconocer esa disposición, al incluir la Fuga criolla del venezolano Juan Bautista Plaza y Harlem, de Duke Ellington. Una gran orquesta puede abrir su programación a distintas tradiciones sin renunciar a la exigencia artística. Acercarse a nuevos públicos supone también ofrecerles motivos para reconocer algo de su mundo en lo que escuchan.

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