El pasado domingo 25 de octubre se llevaron a cabo las elecciones presidenciales más reñidas de la historia de Brasil. De acuerdo con el Tribunal Superior Electoral, el presidente Luis Inacio Lula da Silva, con 81 años de edad, en una “elección matemáticamente definida”, consiguió su cuarta reelección como mandatario y su permanencia en la sede presidencial, el espléndido Palacio de Planalto en Brasilia, del admirado arquitecto modernista, Oscar Niemeyer. Lula, candidato del Partido de los Trabajadores (PT), agrupación que fundó en 1980, consiguió el apoyo del 51.8% de los votantes, contra el 48.2% del senador por Río de Janeiro, Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), líder de la primera vuelta.
Por primera vez en la historia electoral brasilera, un candidato presidencial consigue ser reelegido cuatro veces; por primera vez en la historia, un candidato gana el balotaje después de haber sido derrotado en la primera votación; por primera vez en la historia, la votación en los colegios electorales fue prorrogada después del cierre oficial de los comicios el pasado domingo a las 5 de la tarde, por dos horas, hasta las 7 de la noche. La decisión no fue colegiada, no tuvo en cuenta ni consultó a la autoridad electoral. La determinación fue monocrática, unipersonal, perpetrada por el magistrado nominado por Lula al Tribunal Federal Supremo de Brasil, Cristiano Zanín, quien fuera su abogado defensor en la investigación por corrupción más grande de la historia de Latinoamérica, Lava Jato.
Bolsonaro no reconoce el resultado electoral y pide, con razones de fondo, “la anulación de las elecciones”. El magistrado Zanín no tenía fundamento jurídico para ordenar la prórroga del domingo; la decisión del magistrado Zanín fue adoptada después del cierre de los comicios, del inicio del escrutinio en las mesas de votación y del retiro de los observadores electorales de Bolsonaro. Según Raquel Calvacanti, profesora de Derecho Electoral de la Universidad Federal de Ceará, la decisión del magistrado Zanín es inconstitucional, habida cuenta de que las urnas electorales no están programadas para ser reabiertas después de su cierre al final de la jornada electoral.











