Publicado por: Editorial
La erosión que afecta a la escarpa occidental de la meseta de Bucaramanga constituye una de las mayores preocupaciones y de los esfuerzos más grandes que ha tenido que hacer la ciudad para derrotar esta persistente amenaza, pero entre todas las estrategias que se han ensayado, la del Vivero Nazareth, ubicado al norte de la ciudad, ofrece una experiencia que merece atención y que debe tomarse como ejemplo a seguir, pues lo que allí se ha construido demuestra que la recuperación del suelo puede articularse con la producción de plantas, la generación de empleo y el suministro de alimentos.
El predio, en el barrio Gaitán, donde está el vivero, comprende alrededor de 200 hectáreas que están bajo la administración de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, entidad que ha desarrollado allí un proceso técnico riguroso que comienza con la preparación del sustrato, la selección de semillas y el acondicionamiento de espacios especializados. Germinadores, áreas de trasplante, llenado de bolsas y patios de crecimiento conforman una cadena de trabajo que requiere conocimiento y años de trabajo. Ese rigor explica por qué las especies cultivadas, entre ellas guayacán rosado, guayacán amarillo y muchas más, cumplen en la actualidad una función efectiva en la protección del suelo y en la recuperación de la cobertura vegetal.
La importancia del Vivero Nazareth no se limita a su función técnica de contención de la erosión en su área, sino que cada ejemplar que sale de sus instalaciones se destina a proyectos de restauración ecológica, arborización urbana y campañas ambientales en distintos lugares de la región, en donde se contribuye a recuperar áreas degradadas, ampliar la cobertura vegetal y enriquecer parques, calles y espacios públicos, un trabajo que se articula con los viveros La Rosita y El Rasgón, en Piedecuesta, como parte de las acciones de la corporación para atender las necesidades ambientales del territorio.
Existe un aspecto que merece especial consideración en este proyecto y es que el Vivero Nazareth provee trabajo digno a varias personas que preparan la tierra, cuidan los germinadores y acompañan el crecimiento de las plantas y, al mismo tiempo, el vivero aporta alimentos naturales para distintas necesidades, lo que refuerza su valor social y lo distingue de otras iniciativas puramente técnicas. Cuando un proyecto ambiental logra combinar restauración del suelo, empleo formal y producción de alimentos, su relevancia supera el ámbito de la ingeniería y se convierte en un asunto de interés público general.
Sobre la condición erosiva del occidente de la meseta se han hecho decenas de intentos y trabajos, casi todos provechosos, pero en el caso de Nazareth ha quedado demostrado que es posible contener esa enfermedad del terreno desde perspectivas más sociales. Por esa razón, el modelo debería replicarse en todos los terrenos donde sea factible, con las adaptaciones que cada caso exija, de manera que pueda darse continuidad a un enfoque que ha demostrado resultados y que combina protección del suelo, generación de empleo y producción de alimentos, lo que, precisamente, le da sostenibilidad y permanencia al proyecto.










