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Sábado 31 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Hay que hacer algo con San Gil

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En los años noventa, San Gil le mostró a Colombia que el turismo de aventura era una gran oportunidad. El rafting en el Fonce la puso en el mapa. Sin embargo, hoy la Capital Turística de Santander atraviesa uno de sus momentos más difíciles.

El auge trajo empleo, inversión y visitantes, pero también problemas agravados por malas decisiones. La ciudad creció sin planificación, su periferia se llenó de asentamientos precarios y se conformó con el “turismo de chancleta”, sin apostarle al turismo de eventos y convenciones.

En 1994, un juez ordenó detener los vertimientos de aguas residuales al Fonce. Treinta años después continúan, aguas arriba y abajo. San Gil sigue dándole la espalda al río que le dio su grandeza.

El malecón no ha avanzado un centímetro desde su construcción y hoy presenta graves daños, un monumento a la desidia y al desgobierno. Poco ha pasado con la gruta y el cerro de la Cruz; del Bella Isla y Pozo Azul solo queda la estrofa en Si pasas por San Gil, del maestro Villamil.

Las grandes obras, a medias. El Hospital completa siete años en obra; la variante, iniciada en 2018, está paralizada desde julio de 2024 y le faltan $200.000 millones. Movilizarse es un tormento. Esperanza trae el anuncio de la sede de la UIS, que incluye el anhelado centro de convenciones.

Acuasan perdió más de la mitad de sus usuarios de aseo y el Concejo reclama una auditoría forense para saber por cuál alcantarilla la desangraron. La industria es escasa y la informalidad crece.

La ciudad tampoco estaba preparada para recibir los flujos migratorios. Sin políticas suficientes de integración, vivienda y empleo, el problema se agravó.

La inseguridad preocupa: atracos, microtráfico y sicariato. Entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 hubo al menos cinco asesinatos por sicarios, impensables en la otrora apacible San Gil.

Nada ocurrió de un día para otro. Son años de decisiones aplazadas, falta de autoridad y ausencia de visión, agravadas en los últimos tres años. San Gil parece a la deriva. Hay que reconocer los esfuerzos de Fenalco del Sur, pero poco puede hacerse cuando quien manda no manda. Y pese a cacarear que tenían presidente, no llegó ni una palada de tierra.

San Gil debe mirar hacia su río desde lo arquitectónico y dejar de contaminarlo, terminar el hospital, la variante y rescatar a Acuasan, además de recuperar la seguridad y construir una oferta turística de calidad.

Pero, sobre todo, San Gil necesita liderazgo y volver a pensar en grande. Tiene con qué salir adelante y no cabe duda de que algo se puede hacer. No se puede seguir esperando ni volver a equivocarse en las próximas elecciones.

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