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Sábado 31 de octubre de 2026 - 01:00 AM

El futuro ya llegó: ¿qué estamos haciendo con él?

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Invertir en tecnología e innovación dejó de ser una apuesta a futuro; hoy es una condición para competir y crecer en cualquier sector. Precisamente por eso, cada recurso que se destina a ese propósito debe medirse con una pregunta sencilla: ¿qué cambiará en la vida de las personas?

La pregunta cobra más fuerza al ver hacia dónde va el mundo. Esta semana participamos en la Industrial Technology World Asia 2026, realizada en Shenzhen (China), un evento maravilloso en donde queda claro que el futuro que alguna vez imaginamos ya está aquí y supera toda expectativa. En esta exposición, la industria nos mostró robots que aprenden con inteligencia artificial, gafas de realidad aumentada para dar asistencia a distancia y fábricas totalmente conectadas. Esas soluciones sin duda transformarán la manufactura, la energía, el transporte y los servicios, y la diferencia no estará en tenerlas, sino en saber convertirlas en resultados.

En Colombia, por ejemplo, ya hay ejemplos de cómo hacerlo. Hace unos días, el Hospital Internacional de Colombia (HIC) fue reconocido como el primero del país y el noveno de América Latina en el ranking de hospitales inteligentes, World’s Best Smart Hospitals 2027 de Newsweek y Statista. Parte de ese resultado se explica por herramientas propias de inteligencia artificial que se han asociado con una reducción cercana al 34 % en las caídas de pacientes. En algunas consultas, además, el tiempo que el médico dedica a registrar información bajó de 25 a 13 minutos.

Detrás de estas cifras hay algo mucho más valioso: un paciente que recibe atención a otro nivel o un médico con más tiempo para escuchar. Lo mismo ocurre en cualquier industria: la tecnología vale por lo que mejora en la vida de clientes, trabajadores y comunidades. Ese es el retorno que justifica seguir invirtiendo.

Ahora bien, ningún algoritmo se diseña solo. Ni siquiera los robots que vimos en Shenzhen, capaces de aprender por sí mismos, existen sin alguien que los conciba y los programe. La tecnología abre la puerta, pero son las personas las que deciden qué tan lejos se llega.

Por eso la inversión en innovación tiene que ir de la mano de la inversión en talento. El país necesita más profesionales capaces de entender la tecnología y aplicarla en su campo, y necesita también darles razones para quedarse y crecer aquí.

Ese esfuerzo no le corresponde a un solo actor, y así lo entiende también MinCiencias. En los Encuentros Regionales que preparan el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030, la ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, Claudia Benavides Salazar, planteó que la investigación debe traducirse en resultados tangibles, es decir, empresas más competitivas, mayor productividad y mejores condiciones de vida. Para lograrlo, pidió articular al Gobierno, las regiones, la academia, las empresas y las comunidades.

Al final, la innovación no se mide por la cantidad de tecnología que se tiene, sino por lo que se logra con ella y por la gente que la hace funcionar. Las fábricas que se vieron en Shenzhen, los resultados de un hospital colombiano y el llamado a convertir la ciencia en soluciones apuntan en la misma dirección: el progreso real es el que se nota en la vida de las personas.

Eso exige decisiones concretas. Las empresas deben ver la innovación como una inversión y no como un gasto. La academia tiene que acercar sus investigaciones a los problemas del día a día. Y las instituciones públicas deben ofrecer condiciones estables que den confianza para invertir a largo plazo. Si cada uno hace su parte, Colombia puede dejar de ver la tecnología como algo que llega de afuera y empezar a verla como algo que también sabe construir.

Personas mejor atendidas, empresas más competitivas y equipos mejor preparados: ese es el retorno que vale la pena perseguir, y el momento de hacerlo es ahora.

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