Últimamente me siento poco atraído por los catastrofismos. Cosa que debería preocuparles, porque siempre que le hincho a algo termina ocurriendo lo contrario. Así que no se fíen de mi vana intuición de que el crecimiento del desempleo en la ciudad no es tan significativo y pronto nos vamos a recuperar. Quizás sí deviene en catástrofe.
El reporte indica que: ¡Perdieron el trabajo 56 mil personas en Bucaramanga! Cuando la metodología del DANE gira en torno a algo distinto: ¿Cuántas personas estaban buscando trabajo y disponibles para empezar, en promedio, entre julio y septiembre del presente año? La respuesta ahí sí corresponde a unas 56 mil aproximadamente. No para Bucaramanga, sino para el área metro, es decir, incluye a Floridablanca, Girón y Piedecuesta. Allí aparece contabilizado tanto el mesero que perdió su empleo, que pudo ser estacional, como la joven que recién se graduó de abogada y busca su primer empleo.
Ahora, para entender el calamitoso 8,5 % que acompañó la noticia, basta ver que el área en su conjunto cuenta con cerca de 607.000 ocupados y una fuerza laboral de 663.000, es decir, que de cada 100 que tienen intención activa de trabajar, entre ocho y nueve personas no lo logran. Quien estudia no busca empleo, es estudiante, está ocupado. Quien renunció a su trabajo por emprender y se cansó de su jefe tampoco está desocupado. Es decir, esta tasa puede bajar sin que se cree un solo puesto de trabajo.
¿Cómo saber, entonces, si empeoramos? Una buena comparación es con los mismos meses del año anterior, porque actividades como el comercio y los restaurantes tienen temporadas. Entre julio y septiembre de 2025 había unos 611.000 ocupados y el desempleo era del 8,3 %. Un año después había cerca de 4.000 ocupados menos y la tasa había subido dos décimas. Es una señal que merece seguimiento. El quinto puesto entre las ciudades con menor desempleo añade poco al diagnóstico. Depende de cómo les fue a las demás.
A mi juicio, el dato que debería abrir la discusión pública es el 17,5 % de desempleo juvenil. De cada seis jóvenes de 15 a 28 años que trabajaban o buscaban empleo en el área, aproximadamente uno estaba desocupado. Su tasa duplicaba la del conjunto. Al mismo tiempo, entre quienes sí tenían trabajo, la proporción de ocupados informales bajó del 47,8 % al 42,2 %. Las dos cosas pueden ocurrir a la vez.
Por eso, cuando las alcaldías presenten su balance, quisiera escuchar qué ocurrió con los jóvenes: cuántos consiguieron trabajo, cuántos empezaron a cotizar y cuántos seguían empleados seis meses después. Para quien lleva meses enviando hojas de vida, esa información vale más que subir un puesto en la clasificación nacional.












