Sinceramente confieso a mis amigos y lectores que, en el más de medio siglo que he vivido y participado en actividades gremiales, gubernamentales y políticas, nunca, pero… NUNCA, había sentido la necesidad de PEDIR a los colombianos, pero en especial a los santandereanos, defender nuestra frágil democracia y nuestras instituciones, apoyando a Abelardo de la Espriella para la Presidencia de la República.
¿Por qué mi vehemente solicitud? Porque urge salvar a Colombia de la continuidad del gobierno Petro. Un gobierno que, con decisiones estructurales nunca antes vistas y conductas irresponsables, lenta y falazmente nos está llevando al abismo, al caos, a la crisis institucional y al desastre económico. Por eso urge actuar. Sin duda, es el momento.
Dentro de los comportamientos insólitos e irresponsables del gobierno Petro, voy a relacionar solo seis, que dan la medida del riesgo al que ha expuesto nuestro país y nuestras instituciones: 1) La descarada e inconstitucional participación en política del presidente, interviniendo públicamente, sin recato alguno, a favor del candidato Cepeda, ignorando los llamados de atención de la Procuraduría, las Altas Cortes, los medios de comunicación y hasta la cúpula de la Iglesia; 2) Desconocer los resultados de la primera vuelta presidencial y atreverse, sin pruebas, sin medir consecuencias, a informar de un fraude electoral, y, a pesar de que Cepeda ya reconoció los resultados, Petro no lo ha hecho y, mucho menos, reconocer su error; 3) Nombrar y mantener a su lado funcionarios claves, imputados por la justicia (Benedetti, Roa, Juliana Guerrero, entre otros), desafiando las normas mínimas de gobernar con los decentes, idóneos y limpios; 4) Sus inauditas intervenciones públicas alicorado o drogado, expresándose con un vocabulario grosero, de cantina, que da vergüenza, en términos insultantes y que degradan la dignidad presidencial; 5) No manifestar ni la más mínima solidaridad y compasión con las familias de los soldados y policías secuestrados y asesinados por los violentos protegidos por su gobierno en la “paz total”; y 6) Las erróneas decisiones macroeconómicas, el excesivo gasto público y la desbordada e infame corrupción. Todo esto lo debemos rechazar quienes aspiramos a un mejor país.
Si adicionamos la estrategia del petrismo para golpear la campaña de Abelardo, abusando de la acción de tutela, y la vergonzosa complicidad de algunos jueces para prohibir el uso de la camiseta de la selección y la utilización de frases como “Defensores de la Patria”, nuestra administración de justicia produce risa y desconfianza (claro: el tiro les salió por la culata).
URGE SALVAR A COLOMBIA. Afortunadamente, el fútbol distensionará el llamado destructor e incendiario de Petro cuando una diferencia de un millón de votos a favor de Abelardo le tape la boca con “una media usada y olorosa”.
Los colombianos… QUEDAMOS EXPECTANTES.











