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Maria Juliana Acebedo
Domingo 21 de junio de 2026 - 01:00 AM

Píldoras para la memoria: lo que Colombia no debe olvidar antes de elegir

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Hoy se decide el rumbo del país para los próximos cuatro años. Debemos evaluar la gestión del gobierno de Gustavo Petro. Más allá de las emociones políticas y las narrativas oficiales, los ciudadanos tenemos el deber de estudiar qué se prometió, qué se cumplió y qué quedó inconcluso. Primero hay que recordar antes de votar.

En 2022, Petro llegó al poder prometiendo transformar Colombia. Cuatro años después, la realidad no puede estar más alejada de lo prometido; recordemos algunos casos lamentables:

Lucha contra la corrupción: innumerables han sido los escándalos de corrupción de este gobierno. Entre ellos, el caso de la UNGRD, que evidenció una presunta red criminal de utilización indebida de recursos públicos, con contratos amañados, sobrecostos y tráfico de influencias. La mayor contradicción del discurso moralizador del gobierno.

A ello se suman los cuestionamientos sobre la financiación de su campaña presidencial, el caso de Nicolás Petro y los escándalos recurrentes de altos funcionarios de la administración. Este gobierno prometió ser ejemplo de transparencia y terminó atrapado en hechos de corrupción tan graves como los que por años criticaron como oposición.

En seguridad, la “Paz Total” fue un perfecto fracaso; lejos de reducir la violencia, encontramos una actitud cómplice y protectora de grupos criminales y de personajes altamente cuestionados en Colombia.

En lo económico, las mipymes han enfrentado enormes dificultades, con aumentos de costos y ausencia de políticas para estimular la inversión. Ha disminuido el crecimiento económico y la generación de nuevas oportunidades laborales.

En salud, se agudizó la crisis financiera de las EPS; la intervención del Estado como “remedio” resultó peor que la enfermedad.

La educación no puede estar peor: no hubo condonación masiva de créditos ICETEX, como muchos esperaban; no se cumplió con lo prometido en infraestructura educativa ni con el fortalecimiento del acceso a la educación superior. Las expectativas fueron mayores que los resultados obtenidos.

Tal vez la “bofetada” más dolorosa para los jóvenes fue la contradicción entre el discurso y el ejemplo. Un gobierno que prometió dignificar la educación y abrir oportunidades terminó favoreciendo a Juliana Guerrero. Mientras millones de estudiantes estudian, se esfuerzan, trabajan para pagar una matrícula y compiten por una oportunidad, desde el gobierno se envió un mensaje devastador: las conexiones pesan más que el mérito, el esfuerzo y la formación profesional, golpeando las esperanzas de quienes creen que el estudio es el camino para salir adelante.

¡Participe y vote! La democracia no se fortalece con indiferencia, se fortalece con ciudadanos que toman decisiones informadas y asumen la responsabilidad de elegir su futuro. Recuerde que este gobierno ha demostrado sus limitaciones; el continuismo difícilmente puede convertirse en solución.

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