Publicado por: Alexander Arciniegas
Les confieso que durante la mañana del martes pasado estuve inquieto. Me preocupaba que el último discurso de Iván Duque ante la Asamblea General de la ONU, como Presidente de Colombia, nos volviera a poner en ridículo a escala mundial. No era para menos, como recordarán, entre otros osos internacionales, en 2018 el Presidente fue a la UNESCO a dictar cátedra sobre los “7 enanitos”, y en el discurso ante la ONU de 2019, presentó fotos “chimbas” para probar la complicidad de Venezuela con el ELN.
Por fortuna, en esta ocasión Duque no sorprendió. A excepción de la crítica a la inequidad en el acceso mundial a las vacunas, su discurso resultó más bien una copia del año pasado cuando además de denunciar la “narcodictadura” en Venezuela; posó de ambientalista; al estilo de Bolsonaro, otro maestro de la realidad paralela.
Lamentablemente, como en 2020 persiste el abismo entre el discurso rimbombante y la triste realidad. ¿Con qué cara habla de “narcodictadura” un Presidente que nunca esclareció sus presuntos vínculos con un narco como “El Ñeñe” Hernández? ¿Y que además de irrespetar la protesta social como lo dijo la propia CIDH, ha concentrado el poder sistemáticamente? ¿Con que boca habla de enfrentar la crisis climática un gobierno que no le ha metido el hombro a la aprobación del Acuerdo de Escazú y que, en cambio, defiende con uñas y dientes el fracking, la megaminería en ecosistemas estratégicos como Santurbán y las cancerígenas fumigaciones con Glifosato?
Aunque tenga razón, no deja de ser contradictorio que Duque critique las restricciones internacionales al acceso a las vacunas, cuando el mismo en Colombia ha discriminado a los migrantes “irregulares” negándoles la vacunación, lo que también es irresponsable en términos epidemiológicos.
El país del que habló Duque en la ONU, ese que todos quisiéramos que existiera, debe dejar de ser una dolorosa muestra del cinismo presidencial. Pronto terminará la horrible noche de un gobierno que ha “fragilizado” la paz y las instituciones. La democracia, la equidad, el desarrollo y los desafíos del cambio climático, deben ser las prioridades del próximo gobierno. Depende de nosotros enmendar la página a partir de 2022.











