
Publicado por: Armando Martínez
Las pugnas políticas fabrican artefactos ideológicos que oscurecen la comprensión de la realidad, en todos los tiempos y lugares. Un ejemplo de ellos es la expresión “patria boba”, puesta a circular en 1823 por los enemigos de Antonio Nariño para descalificar su pasado, cuando fue dictador de Cundinamarca. Desde entonces, cuando alguien está insatisfecho con las realidades políticas de nuestro país procede a recuperarla para quejarse con amargura del país en el cual vive a disgusto. Pero hay que saber que el período 1810-1815 de nuestra historia, al cual se le aplicó originalmente, no tenía ni un solo pelo de “bobo”.
De las trece provincias que se declararon independientes en la jurisdicción de la real audiencia de Santafé, diez de ellas (Santafé, Tunja, Antioquia, Cartagena, Socorro, Pamplona, Neiva, Citará, Popayán y Mariquita) aprobaron constituciones. A ese universo de colegios provinciales constituyentes, con título de “serenísimos”, hay que sumar los cinco colegios revisores que se reunieron en Santafé, Envigado, Cartagena y Pamplona para modificar las constituciones ya aprobadas, con el fin de adaptarlas a los rápidos cambios políticos que acaecieron en el proceso revolucionario de esa década.
Esa rica experiencia constituyente legó al Congreso constituyente de la República de Colombia algunos de sus experimentados hombres, entre ellos los miembros de la comisión que redactó el proyecto constitucional. Para entonces ya era bien sabido que el régimen republicano era preferible al monárquico constitucional, que el gobierno debía ser popular y representativo, con división tripartita del poder público, ojalá con un legislativo bicameral. Los constituyentes debían definir el sistema electoral, la organización de la instrucción pública, de la fuerza armada y del tesoro nacional; pero sobre todo saber bien los derechos que reclamarían los ciudadanos para la garantía de su convivencia pacífica.
La década de 1810 no fue entonces perdida para el experimento de la construcción de nuestra nación, como se puede comprobar en el brillante proceder de los constituyentes de la Villa del Rosario. Por ello no hay que hacer más concesiones a la idea de una “patria boba”, es decir, a un concepto ideológico fabricado por la politiquería provinciana.











