Se ha reconocido a una “vida y obra” y no hay duda en que estamos frente a uno de los grandes empresarios de la región en las últimas décadas.

Dentro de los reconocimientos que hace este diario a las actividades más destacadas de la región, sobresale el galardón otorgado a Ernesto Serrano Pinto, un hombre que nació con la fijación del emprendimiento y que desde muy joven comenzó a auscultar las más variadas actividades como la de criar pollos con su hermano William en el patio trasero de la casa de sus padres: Ernesto Serrano Pico y Toyita Pinto de Serrano, de tan grata recordación para los santandereanos; o como la de comerciar productos o la de procesar leche, hasta llegar a convertirse en importante importador, en comercializador de automóviles, en industrial de conservas, en empresario hotelero, y hasta en banquero.
Ernesto Serrano ha tenido dos atributos muy especiales: talento y consagración. Mientras sus amigos de juventud se divertían, él permanecía consagrado a examinar alternativas de trabajo, a propiciar emprendimientos así fueran incipientes, y a echar números para medir el alcance de las posibilidades.
Cuando comenzó el gobierno de Belisario Betancur, se pensó en nombrar alcalde de Bucaramanga a un empresario alejado de la política, para que trabajara por el diseño de una ciudad emprendedora y alejada de los asuntos burocráticos: la persona escogida fue Ernesto Serrano, que decidió darse un año sabático para dedicarlo al servicio de su ciudad.
Allí me correspondió ser su secretario, y aprendí a conocerlo en toda la intensidad de su disciplina de trabajo: Llegaba a las siete de la mañana al despacho, revisaba la agenda e inmediatamente nos reunía a quienes integrábamos su equipo inmediato, para informarnos de todas las decisiones que había tomado en el transcurso de la noche. Lo hacía con una seguridad como si se tratara de un ejercicio de largos meses de estudio. Después recibía a los secretarios por separado y les pedía cuentas hasta del último detalle y los despachaba con las tareas concretas para el resto del día. No admitía conversaciones extraviadas y solo lo fundamental ocupaba su tiempo. Hacia las tres o cuatro de la tarde la secretaria solía interrumpirlo para recordarle que no había almorzado, y con cualquier bocado, procedía a prolongar su jornada de trabajo hasta las 10 de la noche.
Con el trato a los políticos era certero: solía expresar frases como “la decisión ya está tomada” y ante la insistencia de citas, solía decir “hablemos de los proyectos porque vacantes no hay”.
Se ha reconocido a una “vida y obra” y no hay duda en que estamos frente a uno de los grandes empresarios de la región en las últimas décadas. De sus ejecutorias queda un enorme balance: cientos de puestos de trabajo, inversiones altamente estimables y un grupo empresarial que honra a la región.












