Pero la vida te da revanchas increíbles; después del retiro de Jorge como futbolista, tomó las riendas de Liverpool en su país y lo sacó campeón varias veces. Alistó maletas, llegó a México y lo devolvieron muy pronto del León.

El domingo 4 de diciembre de 2016, Atlético Bucaramanga se jugaba ante el Deportivo Cali en el estadio de Palmaseca un partido más que decisivo: el paso a la semifinal del torneo colombiano que tenía un rival definido, el Deportes Tolima. Los leopardos dirigidos por Flabio Torres llegaron a la Sultana del Valle con ventaja, merced al triunfo obtenido en el Álvaro Gómez Hurtado de Floridablanca dos a uno, cuando remontaron de manera espectacular un partido que se perdía desde el primer tiempo. La campaña de los búcaros no fue buena en el arranque del año y por este motivo se marchó Willy Rodríguez quien comandó el ascenso en el 2015.
Luego de un par de fechas con técnico interino, aterrizó en la ciudad el tolimense Flabio Torres, quien junto a su paisano Carlos Gregorio Pimiento y a mi hermano Roberto Zarruk, pusieron a volar a un onceno que ganó como siete partidos consecutivos y durante el segundo semestre comandó la tabla de posiciones, logrando meterse entre los ocho mejores del campeonato. A mitad de ese 2016 llegó procedente de Uruguay, el portero Jorge Rodrigo Bava quien tenía en su palmarés un amplio recorrido por clubes como Progreso, Juventud de las Piedras, Nacional de Montevideo, Bellavista y Liverpool; también caminó por Argentina vistiendo la camiseta de Rosario Central, estuvo en el Atlas de México y en Libertad de Paraguay. Traía títulos encima con el equipo tricolor de su país y con el onceno ‘Gumarelo’ de Asunción.
Nos conocimos en el mes de julio a la entrada del consultorio del doctor Jhon Acevedo y me contó que venía a Colombia para darse a conocer en nuestro medio y así poder terminar su carrera por aquí. Llegó con 35 años y una experiencia ideal para un portero de su categoría. Poco a poco y partido tras partido, ‘Tatín’ Bava dejaba su arco en cero y mostraba liderazgo en un equipo maduro, que jugaba bien al fútbol con un mediocampo excepcional: Carlos Giraldo, Luis Sierra, Jhon Pérez y Daniel Cataño. Adelante estaban los goles del ‘charrúa’ Mauro Guevgeozián y lo acompañaba Darío Rodríguez. Jorge le daba seguridad al cuarteto defensivo comandado por Diego Peralta; poco a poco el equipo se volvió sólido gracias a Bava, quien mostraba jerarquía y era impecable en el juego aéreo.
La ciudad quedó vacía esa tarde decembrina y poco a poco llegó la noche de la verdad en Palmaseca. El Cali, dirigido por Mario Alberto Yepes salió a moler al Bucaramanga y consiguieron el gol que igualaba la serie por intermedio de Aquivaldo Mosquera. A medida que pasaban los minutos, Jorge volaba de palo a palo y si no es por sus atajadas, el Cali le hubiese metido una ‘trilla’ de padre y señor mío al Atlético. El equipo salió más estable para la segunda parte y consiguió el empate por intermedio de Guevgeozián ante el delirio y la locura de miles de hinchas del Bucaramanga. Esa noche temblaron los vidrios de la casa de mi compadre Álvaro Alonso Pabón; ¡casi le tumbamos el rancho! Después del minuto 76, el Bucaramanga aguantó hasta el final y Jorge Bava fue el héroe de la noche sacando 16 balones imposibles para cualquier portero. La llegada a la final se perdió ante el Tolima y el rival hubiese sido Santa Fe. Pero la vida te da revanchas increíbles; después del retiro de Jorge como futbolista, tomó las riendas de Liverpool en su país y lo sacó campeón varias veces. Alistó maletas, llegó a México y lo devolvieron muy pronto del León; pero lo estaba esperando otro león: el santafereño, equipo que en 1975 también había ganado un título precisamente en Medellín ante el ‘Poderoso’; hace días, con la valiosa ayuda de su plantel y de Rodallega en una sola pierna, conquistaron una estrella más para el cuadro cardenal. Felicitaciones querido ‘Tatín’, ¡te lo mereces! Por ser un gran técnico, estupendo amigo y por sacar 16 balones en una noche inolvidable.












