Publicado por: Gonzalo Gallo
Los humanos somos complejos y hacemos un buen número de cosas que no tienen sentido y lastiman.
Una de ellas es enmascarar el dolor o evadirlo a toda costa sin aceptar que es parte de la vida y enseña.
Por eso no se lleva a un niño a una funeraria y así se le hace un gran daño porque no procesa bien su duelo.
Incluso hay casos en los que no va ni al templo, no despiden al ser amado y le dicen: “papá viajó” o “mamá se durmió”.
Mentiras que lo dejan en un limbo. Se ignora que los pequeños manejan la muerte mejor que los adultos.
Pero hay muchas otras formas de no acoger el dolor con amor y sentirlo para poder sanarlo y soltarlo.
Otras veces lo proyectas en alguien que está muy mal y no percibes que él sólo refleja ese dolor que no aceptas en ti.
En la fe muchos proyectan su dolor en un Cristo sangriento en la cruz. La iglesia haría bien en llenar los templos con Jesús resucitado y no crucificado. Le mi libro ‘Muerte, un paso a la vida’.
Te comparto un valioso ejercicio de un Guía espiritual para liberar emociones como miedo, rabia, tristeza, odio o culpa.
Busca un lugar donde puedas desahogarte y gritar. Agradece la ayuda de Dios y sus ángeles.
Te relajas y respiras un buen rato y podrás identificar en qué parte de tu cuerpo sientes ese miedo, rabia, odio o aflicción.
En sintonía con Dios estás en la disposición de acoger la sensación con amor y desear que se vaya, no de pelear con ella.
Entonces le pones un sonido o una palabra a la emoción y la sensación molesta. Ejemplo: una vocal o “se va”, “fuera”.
Comienzas a gritar “se va” u “oh” subiendo el tono poco a poco hasta que llegas al máximo de tu capacidad.
Verás que si paras en el punto más alto, puedes incluso subir otro tanto porque falta algo por liberar.
Es una buena manera de sanar y soltar lo que te perturba.
Recuerda que antes debes perdonarte y perdonar.













